
En Memoria de Conchy, una hermana para mí y mis hermanos, aquella hermana que no tuvimos pero que Dios nos la concedió por petición de mamá, quien la acogió durante sus estudios en Villahermosa por los años que duró su carrera de educadora y en nuestra casa. Una de mis más fieles seguidoras de todos y cada uno de mis viajes; ella siempre me contactaba por privado para que le aclarara alguna duda sobre lo que iba admirando y viendo en los trayectos de mis viajes en tiempo y espacio. A ti con cariño querida hermana, a ti con amor, por siempre en mis recuerdos. Descansa en Paz querida prima María Concepción Vázquez Paz (marzo 03/1962 – marzo 13/2026).

Uno de los viajes que había dejado rezagado era este país, Rumania, que desde su famosa Leyenda del Conde Drácula me había llamado la atención, por lo tanto me puse a investigar y leer sobre esta nación, de la que no tenía mucho conocimiento en ese momento… Y allí es donde se encuentra la famosa Transilvania.
Transilvania es una región en el centro de Rumania. Es conocida por sus ciudades medievales, fronteras montañosas y castillos como el Castillo de Bran, una fortaleza gótica asociada con la Leyenda de Drácula. La ciudad de Brasov cuenta con murallas y bastiones sajones, asi como la amplia Plaza del Consejo, rodeado por coloridos edificios barrocos, la imponente Iglesia Gótica Negra y cafeterías.
Transilvania, proviene del latín medieval y significa «al otro lado del bosque»
Aunque yo ya había escuchado mucho sobre la «leyenda» del Conde Drácula y sabía perfectamente que era sólo eso: una historia imaginaria, me llamaba mucho la atención, no sólo por esa grandiosa obra literaria, sino también por lo que guardaba y escondía un país para mí hasta ese momento desconocido: Rumania.
«Drácula no es real» también me había comentado mi amiga Simona Verónica Pop, a quien tuve la oportunidad de conocer en Miami, Fl. cuando trabajamos juntos unos años atrás. Ella como buena rumana, me había preparado un excelente tour y me había seleccionado ciertos lugares que podrían ser de mi interés, así que ella me ayudó muchísimo a decidir qué pueblos medievales visitar durante mi estadía por aquel país y al final de toda la información que pude conseguir por su parte, Simona concluyó diciendo «¡Me saludas a Drácula…!»

Despegué desde New Jersey hacia Boston, donde cruzaría el Océano Atlántico para aterrizar en Amsterdam y posteriormente un vuelo más hasta llegar a Bucarest, la capital de Rumania. Tres vuelos al hilo y bastante cansado, pero con mucha energía para comenzar mi ‘terrorífico’ viaje a Transilvania… Al llegar al aeropuerto tomé un bus para dirigirme hacia donde se encontraba mi hotel, ese autobús tardó cerca de 40 minutos para llegar al sitio donde finalmente descendí e inmediatamente comencé a percibir y admirar la grandiosidad del lugar, una ciudad que había dejado de ser relativamente ‘comunista’ y así me interné entre la gente, donde pedí ayuda a una transeúnte para que me apoyara con una información que necesitaba, ella muy amablemente me asistió y me dio algunos detalles de cómo cuidarme en una ciudad tan grande como aquella, en fin, desde ahí comencé a sentir mucha seguridad, pero sin bajar la guardia. Al día siguiente, después de descansar una noche en Bucarest, (mi tour era por dos días y una noche para internarme ‘al otro lado del bosque’) empezamos el recorrido entre pueblos verdaderamente medievales, pintorescos e interesantes, los caminos que íbamos cruzando eran bellísimos, simplemente espectaculares… y así nos fuimos internando en lugares que nunca había imaginado; cruzamos una meseta plana hasta que el guía nos señaló las montañas a lo lejos y nos informó del lugar hacia donde nos dirigiríamos…
El primer punto de interés fue visitar el Castillo Peles, un palacio neorrenacentista gótico en Sinaia, Rumania, construido entre 1873 y 1914 como residencia de verano para el primer rey de Rumania, Carlos I, y la familia real, conocido como uno de los castillos más impresionantes de Europa; cuenta con 160 habitaciones decoradas en diferentes estilos, balcones ornamentados, pasajes secretos. Fue expropiado por los comunistas en 1948 y devuelto a la Casa Real de Rumania en 2007. En realidad, una belleza arquitectónica enclavada entre montañas y colinas increíblemente hermosas. Pude disfrutar una pequeña caminata entre pinares y edificaciones de gran atractivo e importancia.

Nuevamente en el transporte, el guía nos anunció que nuestro siguiente destino sería el emblemático y misterioso «Castillo Bran» una fortaleza medieval en Rumania famosa, conocida como «Castillo de Drácula», aunque su vínculo con el histórico Vlad el Empalador es tenue. Construido en el Siglo XIV como defensa contra los otomanos, sirvió como puesto de aduanas y más tarde se convirtió en una residencia real para la Reina María quien lo transformó en una casa de verano. Hoy día, es un museo popular que muestra muebles y arte que atrae a turistas fascinados por su arquitectura gótica y su folclore.

La espectacular apariencia del castillo en un acantilado rocoso coincide con las descripciones en la novela de Bram Stoker lo que le lleva a su apodo, aunque Stoker probablemente nunca lo visitó, por lo que el vínculo histórico con Vlad el Empalador es débil.
Haciendo un recuento de la historia y la leyenda que envuelve todo este entorno «terrorifico y suspenso» de la leyenda y el libro, Vlad el Empalador (en rumano Vlad Tepes) o Vlad Drácula, fue Príncipe de Valaquia entre 1456 y 1462. Es considerado uno de los gobernantes más importantes de la historia de Valaquia y héroe nacional de Rumania.

‘Dracul’ en rumano significa <<el dragón>>, la palabra ‘drac’ ha adquirido en rumano moderno la connotación de <<demonio>>. En cuanto al apodo ‘Tepes’, el Empalador, proviene de su afición por el «empalamiento» como método de ejecución…

Dichos métodos de tortura y exterminio inspiraron a Stoker, surgiendo la novela que originó al temible y terrorífico Drácula, el vampiro más famoso del mundo, que, a su vez, da lugar al nacimiento de la tan importante Leyenda de Drácula, que se ha alimentado de todos estos detalles siniestros y de terror. Sin lugar a dudas, fue muy interesante conocer toda la historia detrás de este personaje y conocer el castillo que, aunque cuenta la leyenda que sí existió el famoso Drácula, me ha dejado «un buen sabor de cuello» pues, aunque no me chupó la sangre, sí aprendí muchísimo sobre este personaje que envolvió mi viaje lleno de aquel misterioso «lugar más allá del bosque»…, Transilvania, famosa mundialmente como la patria del Conde Drácula, rodeado de los bosques montañosos de los Cárpatos.

Después de esta espectacular historia, nos dirigimos hacia Brasov, una ciudad histórica en la región de Transilvania, conocida por su arquitectura sajona medieval bien conservada, iglesias góticas y las montañas de los Cárpatos circundantes. Fundada en 1211, fue un importante centro comercial con una rica historia influenciada por las culturas alemana, austriaca y húngara. Sin lugar a dudas una ciudad encantadora, llena de historia y cultura que tuve la oportunidad de caminar, conocer y guardar en mi memoria fotográfica.

Caía la noche y más allá del bosque, nos internamos entre montañas y colinas hacia el punto más importante para mí, por algo Simona mi amiga, me había mencionado que no dejara de visitar este impresionante lugar…, Sighisoara, una ciudad medieval histórica y amurallada en Transilvania, Rumania, famosa por su ciudadela bien conservada, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y su papel como lugar de nacimiento de Vlad el Empalador (Drácula). Fundada por artesanos alemanes, cuenta con calles empedradas, casas coloridas y nueve torres, incluida la icónica Torre del Reloj, lo que la convierte en una de las últimas fortalezas medievales habitadas en Europa.

Una vez que dejé mis cosas en el hotel, salí a recorrer esta ciudadela ya en plena obscuridad, la había imaginado misteriosamente terrorífica…, comencé a caminar sus empedradas callejuelas y pendientes poco ilumindas, la noche era fría y con niebla, aquella que me hacía pensar que el Conde Drácula caminaba a escasos pasos detrás mío; la lluvia era poca pero no dejaba de aterrorizarme cada gota de agua que golpeaba mi paraguas al caer sobre de él y que cada vez que daba unos pasos más para alcanzar la cúspide de la colina e internarme en un callejón, me impresionó el ver la Torre del Reloj frente a mis ojos; al voltear a ver hacia arriba, pude constatar su grandeza imponente, tenía yo pues un hito del siglo XIV frente a mí, el ambiente húmedo, místico, misterioso me acogió y me dio fuerzas para cruzar aquel callejón semioscuro que envolvía mi alma hasta llegar a atravesarla hasta la ciudadela…, no habían más almas que la mía, el sonido de la lluvia sobre el paraguas que llevaba y mi respiración era lo único que escuchaba en ese momento, pero no dejó de ser un momento muy especial para mí, pues aquella imaginación del lugar que había soñado unos días antes de llegar, se estaba cumpliendo ante mí y de una forma que había roto todas mis expectativas para bien, ¡No dejó de ser fascinante e imponentemente sublime andar en aquellos callejones empedrados con aquel clima que todo me venía a mi mente tal y como lo había imaginado! Al día siguiente amaneció un paisaje diferente a la noche anterior, todo estaba pintado de blanco por una leve nevada y el panorama helado le daba otro toque muy especial a aquella ciudadela medieval; la recorrimos de día admirando una ciudad donde nació el Empalador Vlad Tepes y que derivó para mí en una emoción por conocer estos lares tan emblemáticos que guarda Transilvania.


Mas tarde, nos dirigimos a una ciudad encantadora, Sibiu, fue fundada por colonos sajones de Transilvania en el siglo XII. Sibiu pasó a ser parte de Rumania desde 1918, y hasta la Segunda Guerra Mundial era la ciudad más importante para la minoría alemana de Rumania. Entonces experimentó regímenes dictatoriales durante los años de la ocupación Nazi y luego comunista. Al final de la época, en el periodo de la revolución rumana de 1989, se registraron víctimas mortales en la ciudad. Además, hubo cientos de personas heridas, y cuantiosas perdidas materiales y culturales. En recuerdo de este episodio, Sibiu fue declarada como «ciudad mártir»


La vista de los tejados de Sibiu desde la torre principal de la catedral evangélica es simplemente excepcional, es la iglesia más destacada de la ciudad, famosa por su estilo gótico. Su construcción data entre los años 1371-1520. Durante tres siglos sirvió como lugar de enterramientos de alcaldes, condes y otras personalidades de Sibiu.

En verdad Sibiu fue encantador, me dejó un buen sabor de boca conocer tanta belleza de ciudad y tan histórica y cultural zona que ha vivido muchos cambios en tantos años.

Al día siguiente desperté en la capital de Rumanía, Bucarest, una ciudad imponentemente bella, no por nada la llaman la «Pequeña París», con aquellos edificios elegantes que mezcla estilos neoclásicos, de entreguerras (Bauhaus y Art Deco), comunista y moderno, amplias avenidas arboladas. A pesar de que muchos edificios y distritos del centro fueron dañados o destruidos por la guerra, terremotos y el programa de sistematización de Nicolae Ceausescu la mayoría permanecen en pie. Uno de los edificios más importantes e imponentes es el Parlamento, es el edificio administrativo y civil mas grande del mundo después del Pentágono, además, el más costoso y pesado, es de puro mármol y tiene 12 plantas.

Nicolae Ceausescu fue un político y dictador rumano que fue el segundo y último líder comunista de Rumania. Fue derrocado y ejecutado en la Revolución rumana en diciembre de 1989 junto con su esposa Elena, como parte de una serie de levantamientos anticomunistas en Europa del Este.

Toda esta parte de la historia última sobre Rumania, aún la tengo presente, pues recuerdo ese fusilamiento que fue trasmitido por TV y que aún está fresco en mi memoria, por eso visité este imponente edificio de el Parlamento pues aún recuerdo cómo las imágenes trasmitían su huída de Bucarest desde la azotea del dictador en un helicoptero, posteriormente fue capturado junto a su esposa y fueron condenados por un tribunal militar bajo los cargos de genocidio, subversion del Estado mediante accion armada contra el pueblo, destrucción de la economía y del patrimonio nacional y desfalco.

Anduve sus calles admirando lo imponente de sus edificios, grandes avenidas y leyendo a la vez sobre la historia de esta gran ciudad; recorrí una barda frente al Parlamento donde exponían 1000 años de historia de Rumania, sin dudas un gran mural con informacion relevante y explicitamente plasmada con fotografias, religion, cultura, etc.. Me llevo una gran impresión de este país que me ha llenado de satisfacción.

Posteriormente y después de una intensa nevada, pude salir de Bucarest a mi siguiente destino, Larnaca, Chipre (Cyprus, Middle East) con un stop en Atenas, Grecia no sin antes que la línea aérea perdiera mi equipaje después de los tres vuelos que me reacomodaron para poder salir de Rumania por la nevada que prevalecía esa mañana. En fin, pude llegar a mi hotel y esperar a mi amigo Boudewyn que llegaría al siguiente día para encontrarnos en aquella isla en el Mediterráneo, frente a las costas de Syria, Líbano e Israel.

El primer día me levanté muy temprano, me puse la misma ropa…, y me salí del hotel a caminar por la playa, más tarde fui a desayunar un exquisito menú muy variado ahí mismo en el hotel; después me recosté en un camastro donde bajo el sol y con la mañana bastante fresca, me quedé dormido con el bullicio de los niños, y el sonido de las olas en la playa. Toda mi ropa de playa estaba en la maleta que quién sabe dónde andaba paseando por toda Europa del Este…, salí a caminar por la avenida principal frente al hotel y compré un rastrillo para rasurarme, un cepillo de dientes y pasta dental, pues no tenía nada encima, más que mi pasaporte, dinero y equipo fotográfico. ¡Qué horrible es esto! Dormir completamente desnudo, sin pijama, es lo peor que me ha pasado en todos mis viajes.

Mi amigo Bou y sus dos pequeños hijos llegaron al hotel y tratamos de divertirnos; más tarde tuve que ir de compras pues la maleta no aparecía, y necesitaba ya quitarme esa ropa, pues literalmente, parecía «retrato»: en todas las fotos con la misma ropa.

Bou me dijo que recorreríamos la isla y cruzaríamos la frontera hacia lo que le llaman el norte de la República de Chipre que está gobernada por Turquía, inclusive tiene su propia bandera y también la bandera turca la ves por todos lados (Es bastante difícil buscar información en internet de esta parte, por los problemas políticos en la que se encuentran las dos Chipres, la del sur y la del norte), pero aun así, cruzamos y pude conocer lo hermoso que es aquella parte también, pues la parte griega no desmerece en belleza.

En verdad que me llevé una gran impresión de los lugares tan antiguos que conocí de aquel lado de la frontera: La Abadía de Bellapais, ruinas de un monasterio que los monjes de la orden de los Agustinos construyeron en el siglo XIII en el lado norte del pequeño pueblo de Bellapais, en la parte norte de Chipre, controlado repito, por los turcos. Las ruinas están a una altitud de 220 metros sobre el nivel del mar, donde la panorámica desde ahí de Kyrenia y el mar Mediterráneo, son espectaculares.

Después de andar recorriendo tan bella isla en su parte norte y entre muy reducidas calles y carreteras, donde iba yo con los nervios de punta, ya que ahí se maneja del lado contrario, los carros tienen el volante obviamente del otro lado y aunque yo no manejé, no me acostumbré en ningún momento a ir del lado del copiloto «pero del otro lado (‘izquierdo’) del asiento» Aun así, fue una experiencia interesante de haber tenido la oportunidad de vivir…

Regresando hacia nuestro hotel, después de haber tenido un percance, un pequeño accidente en una de esas calles tan estrechas, ya en la frontera al presentar nuestros pasaportes, pues que me preguntan por dónde había yo (mexicano) entrado al país; seguido nos preguntaron por el permiso que debí haber sacado antes de cruzar al lado «turco», bueno, ya en la averiguación y hablando con los agentes oficiales fronterizos, quienes muy amablemente nos explicaron que por «esa frontera» no podíamos cruzar ni mexicanos, ni norteamericanos, ni canadienses sin el permiso debido, así que la agente de inmigración nos mandó pa’tras, no sin antes señalarme en mi celular (Google maps) en dónde se encontraba la ‘frontera’ por la cual yo podría cruzar; eran un poco más de 45 kilómetros que Bou tuvo que manejar hacia aquel cruce fronterizo ya que no me dejaban re-ingresar por donde habíamos cruzado esa mañana, (estábamos a escasos 10 kilómetros del hotel), lo cual no sirvió de nada, pues la oficial muy amable pero rotunda, me dijo: «No te puedo dejar cruzar por aquí ni con tu pasaporte americano»…, así que tuvimos que volver y una vez que llegamos a aquel remoto cruce fronterizo, el oficial de inmigración (que obviamente ya había sido informado de mi estatus, jajaja), exclamó desde la ventanilla…, Who’s the mexican? A lo cual contesté desde el asiento derecho del vehículo…, «That’s me!» Tomó los datos de mi pasaporte mexicano y también sumamente amable me dijo: «Pueden irse»… (Qué risa y qué pena, jajaja) #DisculpeUsted.

La maleta seguía sin llegar y entré en un dilema: al día siguiente tenia que abandonar Chipre con destino a Madrid con un ‘stop’ en Budapest, así que hicimos plan ‘A’ y plan ‘B’. Plan «A»: Bou me llevaría al aeropuerto muy temprano, pues en la noche anterior recibí un e-mail de la línea aérea donde me informaban que mi maleta había aparecido, pero no daban más detalles de ella, por lo tanto, tuvimos que irnos al aeropuerto e ir directamente a la oficina de «lost and found» (artículos perdidos y encontrados). Al llegar a las 7am, la oficina aún estaba cerrada y nos informaron que abrían alrededor de las 8am; yo tenía mi vuelo programado para partir esa mañana a las 09:50am así que estaba corriendo a contrarreloj, Bou me dejó ahí y el plan «B» sería: si no llega la maleta a tiempo, pues me tendría que quedar un día más por lo menos, para esperar la maleta y perder los vuelos y comprar nuevamente boletos un par de días más tarde… Pero ahí estaba yo en el aeropuerto, bebiendo un café y el tic, tac, tic tac, del reloj corría…, en ese momento, suena mi celular y era una llamada entrante de ahí mismo, de Chipre, la cual contesté de inmediato y era una chica de la línea aérea que preguntó por mi nombre…, Yes, this is Manuel De La Cruz…!, Mr. De La Cruz, your luggage is here at the lost and found office…, Mi salvación!, me fui corriendo a la oficina, me entregaron la maleta y así como la tomé, la deposité en el siguiente vuelo (que estaban a punto de cerrar), de la otra línea aérea por la cual volaría hacia Madrid.

El vuelo transcurrió sin novedad pero…, en Budapest aún continuaba nevando, así que llegamos, pero a kilómetros lejos de la puertas de desembarque, nos «botaron del avión» literal, casi, casi a media pista, lejos del edificio principal; nos dijeron que un bus nos recogería y nos llevaría a la terminal; estaba nevando, con -2°C bajo cero… y unos minutos más tarde llegó el bus y en lo que pudimos llegar a la terminal y recoger mi maleta (que esta vez sí llegó sin problemas), pues perdí el vuelo de conexión a Madrid. Me dirigí a la oficina y le pedí a la chica que me reacomodara en el siguiente vuelo…, a lo que dijo: «Sí, claro que sí, pero será hasta mañana en el primer vuelo pues ya no hay otro más hoy»…, y acto seguido dijo: «son 104€ euros». ¿¡¡Qué!!??, exclamé, Do I have to pay for that?… y me quedó viendo con una mirada desafiante y simplemente y fríamente la rumana contestó: Do yo think it is free…? A lo que me cagué de la risa y ni modo tuve que pagar el boleto de conexión, pues había sido el retraso por el clima y ahí la línea aérea no se hacía responsable. Bueno, dije dentro de mí, pues aprovecho a descansar por aquí, así que renté una noche de hotel, justo a 500 metros del aeropuerto y me fui a encerrar, estaba ya para entonces cansado, cené muy bien y me dormí temprano para seguir mi travesía al día siguiente, que por cierto, seguía nevando, pero ya mi vuelo pudo salir sin contratiempos y pude llegar a Madrid sin más inconvenientes y con mi maleta íntegra…

¡Madrid, Madrid, Madrid! Por fin llegué a mi último destino…, Ahí me recibió mi gran amiga Martha Hurtado (27 años sin vernos) y su Hija Dimar en el aeropuerto y comenzamos a disfrutar de unos días inolvidables. Al siguiente día, Martha me propuso extender mi estadía…, lo cual después de no pensarlo…, modifiqué mi boleto y en total, me quedé en tierras españolas por espacio de 14 días, en los cuales tuve la oportunidad de vivir, sentir y disfrutar de Madrid como nunca antes, ya que, aunque ya conocía Madrid, no había tenido la oportunidad de recorrerla y caminarla como lo hice ahora. De la misma forma me dispuse a visitar sus alrededores acompañado con Martha y en otras ocasiones tomé el tren de alta velocidad para trasladarme más lejos e ir a visitar así, de esa forma, Salamanca y Zaragoza, dos ciudades que han llamado muchísimo mi atención, llenas de cultura e historia que difícilmente olvidaré. También en cercanías a la capital española, admiré Ávila y Consuegra, donde se encuentran los famosísimos molinos de viento de Don Quijote de la Mancha, «los enemigos imaginarios» que relata en la famosa novela (publicada en el año 1605) Miguel de Cervantes Saavedra.

-Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.
-Aquellos que allí ves -respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos lenguas.
-Mire vuestra merced -respondió Sancho Panza- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y los que en ellos parece brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.


Una gran experiencia al admirar tan grande belleza frente a mí, unos molinos de viento que datan del siglo XVI y los tenía ahí, en aquel pintoresco pueblo bonito de Consuegra donde pasamos a beber algo y disfrutar Martha y yo un momento muy especial platicando. También pude ver y estar unas cuantas horas con Militza Norbruis la hija mayor de mi amigo Boudewyn ahí por Madrid, pues va a estudiar y mejorar su español, y con mi sobrino Saúl hijo de mi prima Rosy Lara, que estudia también por allá. En fin, fue un viaje muy placentero el cual disfruté al máximo en cada etapa del mismo. Aunque estuve en 10 aeropuertos, diez vuelos y muchas horas en el aire, no dejó de ser un viaje que planeé con muy corto tiempo y que después de todo, salió muy bien, gracias a Dios todo transcurrió de mil maravillas y pude volver a casa sano y salvo a pesar de la estúpida guerra que estalló pocos días después que salí de Chipre y que fue desafortunadamente alcanzada por un misil en la base aérea de la Gran Bretaña en aquella isla. También mi amigo Bou y sus dos hijos salieron ilesos despues de quedarse varados en Abu Dhabi por unos días por esta misma guerra que ha desquiciado a todo el mundo, pero que también gracias a Dios, pudieron llegar a Holanda después de unos terribles días encerrados entre misiles y alarmas de guerra…, De ahí en fuera, mi extensión de estadía en Madrid, me dio tiempo de meditar y vivir este viaje al cien por ciento.

No podría pasar por alto mi estadía en específico en Boadilla del Monte, donde estuve los 14 días maravillosos en cercanías en Madrid y donde por las mañanas con aquella frescura me iba a caminar por los alrededores, hasta llegar al Palacio del Infante Don Luis, que data del año 1765, una de las obras arquitectónicas más importantes del neoclasismo madrileño. El palacio integra una zona muy extensa ajardinada, en 1974 fue declarado monumento nacional.
Este palacio ha sido escenario de algunas escenas de la película «Los fantasmas de Goya» y últimamente la plataforma Netflix lo ubicó como escenario principal en la aclamada serie dramática española de época «La Cocinera de Castamar», ambientada en el Madrid de 1720; la serie destaca por su ambientación histórica, vestuario y tramas de misterio y romance…,
Me di la oportunidad de llegar hasta ese Palacio y entrar y recorrer sus jardines, que, aunque por la época invernal no lucían tan bellos, pero sí que lo fue verlos en plenitud al regresar a casa y volver a ver la serie completa para revivir esos momentos y esa época en la cual se ubica La Cocinera de Castamar. Recorrí esos hermosos jardines por dentro y por fuera y la verdad, sentí toda esa belleza que inspira Boadilla del Monte.»











Correctora ortográfica y sintaxis por Alicia Alvarado Ballesteros.









Llegué a la caseta de cobro y por 13 dólares te dicen que te posiciones en la fila número 1, ahí hay un semáforo que te va a indicar en qué momento puedes comenzar a cruzar; la velocidad ahí dentro es de 35 millas por hora y te van vigilando; mientras esperaba mi turno me puse a hacer mis videos, a tomar fotografías y a admirar lo bello de ese lugar, no había nadie más que yo. Whittier, es una ciudad ubicada en el área censal de Valdez. En el Censo del 2010 tenía una población de 220 habitantes y la ciudad es conocida porque casi la totalidad de su población vive en un mismo edificio…, y así lo pude constatar, no hay más nada que ver, parecía un puerto fantasma. Acudí a un pequeño museo donde solo había un letrero que decía, «$5.00» para entrar, deposite aquí…, y entré, una serie de fotografías y artículos muy interesantes, pero algo que noté fue que también como en otras partes, existían fotografias de grandes terremotos y Tsunamies (como el gran terremoto de Alaska en 1964 con una magnitud de 9,2 Mw «magnitud de momento sísmico») cosa que no me hacía muy feliz que digamos, le tengo terror a esos movimientos telúricos. Whittier se encuentra en el extremo norte del bosque templado húmedo. Es la ciudad más húmeda de Alaska y los Estados Unidos. Entré a un restaurante donde los locatarios hablaban su propia lengua (20 idiomas nativos están reconocidos legalmente en Alaska desde 2014), ordené un café, me lo bebí y me retiré del lugar, no había más que ver por ahí… Así que decidí irme hacia donde estaban los semáforos y los vehículos que esperan su turno para atravesar el túnel y ahí esperé el mío…, dentro del túnel, también van las vías del tren, cuando el tren viene, primero dejan pasar a aquella locomotora y posteriormente a todos los vehículos que esperan cruzar; es como atravesar de un mundo a otro, sentí esa sensación como si estuviera en la guerra. Al llegar al final del túnel, una enorme compuerta se abrió electrónicamente para que yo pudiera salir… fue impresionante, además de que dentro del túnel había una especie de techos como para proteger y detener por si llegase a presentarse algún derrumbe, además, pude observar sobre las paredes rústicas de piedra de la montaña, pequeños escurrimientos de agua que caen hacia el piso.
La economía local de Seward está impulsada en gran medida por la industria pesquera comercial y el turismo estacional. Muchas instalaciones de alojamiento, restaurantes y tiendas en la ciudad atienden principalmente a los turistas, y solo están abiertos al público durante la temporada turística de verano, que generalmente se considera que se extiende desde mediados de mayo hasta mediados de septiembre. Pero yo llegué en noviembre simple y sencillamente para admirar sus montañas completamente cubiertas de nieve.
Para llegar hasta aquí, en la carretera hay avisos muy grandes donde previenen sobre «avalanchas» e inclusive, advierten esos letreros ‘no detenerse’ (imagino a tomar fotos o a ver cómo se deslizan los tumultos de nieve en otras montañas), las pude ver ya deslizadas abajo, pero recorrer de 4 a 5 millas mirando hacia arriba y ver ese ‘mundo’ de nieve me hacía pensar … ¿y si se viene una avalancha ahora mismo…? ¡Hasta aquí llegué! Este tramo de la carretera es impresionantemente hermoso, cada vez que iba yo tomando una curva, lo que veía frente a mí, era majestuoso, montañas muy altas rodeadas de pinos completamente nevados, lagos congelados y pendientes donde se podían apreciar los valles y cañadas maravillosas. 
Me detuve un momento para apreciar tanta calma frente a mí, así seguí caminando y cogí mi auto para alejarme un poco más, ya comenzaba a caer la tarde y quería grabar la manera de cómo el sol dorado iba desvaneciendo su color en la blancura de los picos de las montañas, hasta que terminara el ocaso.
Esperé un momento frente al mar, postrado, admirando las aves marinas y de pronto, comenzó a salir la luna detrás de una de las montañas… todo era de una quietud enorme, así me quedé luego un rato más dentro del auto, para no estar fuera con tanto frío que se sentía a la orilla del mar.
Así permanecí hasta que la luna dejó ver las montañas y me retiré hacia el hotel. Mientras descansaba un momento, leí que existía un mirador justo frente a Seward, donde se podría apreciar la gran montaña detrás de este puerto y que con la luminosidad de la ciudad, con una buena cámara, se podría lograr una excelente fotografía, así que me puse la chamarra, mi gorro y me fui hacia aquel lado que estaba a escasos 15 minutos; tenía un poco de miedo pues no conocía esa carretera y la noche se sentía tenebrosa, pero no podía permitir que el miedo opacara ese momento y que no me permitiera ver lo que me había propuesto; así que me llené de valor, salí de mi habitación con la cámara ya preparada y el tripié, sólo para llegar y lograr aquella foto que había leído en ese artículo anteriormente…
cuando llegué al mirador, pude constatar que sí, efectivamente, la vista era espectacular, lo único que me separaba del puerto era el «Resurection Bay» -Bahía-, a simple vista podía ver y con la luz de la luna, las montañas y abajo, el pequeño puerto de Seward, el frío y el aire hacían que la temperatura descendiera aún más que 20 °C bajo cero, así que muy rápidamente monté el tripié y me dispuse a colocar la cámara, la carretera era bastante solitaria, sólo el zumbido del viento podía escuchar, estaba nervioso y con el frío más, así que comencé a tomar mis fotos y sí, logré unas buenas tomas desde ahí, entre la luminosidad de la ciudad y la luz de la luna, hasta el polvo de nieve que volaba desde los picos más altos de las montañas podía observar, el viento estaba bastante fuerte. No tardé ni 15 minutos ahí y me regresé al hotel. Al llegar a mi habitación, me doy cuenta de que la puerta de la habitación estaba entre abierta… 
La recepcionista me pidió que manejara con mucha precaución, al menos el tiempo que me tomara salir del área, y así lo hice; al comenzar mi trayecto, la ventisca comenzó a disminuir pero no así la ansiedad que sentía al comenzar a cruzar la zona de avalanchas que el día anterior había transitado, así que sin pensar en ello, continué mi camino sin parar; una vez rebasada esa zona peligrosa, aminoré la velocidad y comencé nuevamente a pararme por ahí un par de veces para poder admirar aquellas panorámicas tan espectaculares que se encontraban un poco antes de entrar a Anchorage y que va la carretera justo a la orilla sobre el «Turnagaim Arm» (Seward Hwy 1). 
unos minutos después, mi sueño comenzó a cumplirse, una vez que el avión tomó altura, el sol comenzó a salir en el horizonte como por arte de magia, logrando así, pintar de dorado atardecer el imponente Denali por un par de minutos; acto seguido, pude tomar algunas fotografías y videos que alcancé a grabar, logré ver los glaciares que se desprenden de esta gran montaña, pude admirar esos colores morados y lilas y rojizos del atardecer, desde el vuelo. ¡Vaya que fue todo un espectáculo que me había propuesto atestiguar y estaba llegando a su fin! 
Encontré la original Casa de Santa Claus y me bajé a hacer algunas fotos nocturnas por fuera, … hacía un frío espantoso. Al día siguiente, fui a visitar su interior y al entrar, vi a lo lejos al famoso personaje de esta casa: «Santa», quien estaba esperando a que llegaran los niños para tomarse una foto con él; antes de acercarme, exclamé: «Ho, ho, ho, ho…» a lo que me contestó Santa de inmediato, invitándome a acercarme, así que me tomé una foto con él. (No había ni un solo niño).
Más tarde me dediqué a visitar el oleoducto Trans-Alaska que recorre todo el estado de norte a sur con 1287 kilómetros (800 Millas) de tuberías con un diámetro de 122 centímetros transportando combustible desde la Bahía Prudhoe a Valdez. 
Cuando se produce, la ilusión nos muestra tres soles en el cielo. Sin embargo, la realidad es otra. El efecto es producto de la luz solar a través de los cirros (nubes altas), cuya presencia puede indicar un empeoramiento del tiempo. Este maravilloso efecto de luz tiene que traspasar una fina capa de cristales de hielo que deben ser abundantes y estar situados en posición horizontal con respecto al suelo. Bueno, tuve la oportunidad de apreciar también este fenómeno y, esa misma noche, pude admirar y fotografiar el eclipse de luna en Fairbanks. 
Luego de unos minutos entré al hotel y le comenté a los recepcionistas nocturnos: “Se ve preciosa”, ellos se voltearon a ver y preguntaron: «What?» ¡La luna! -les contesté, acto seguido, les mostré las fotos directamente de mi cámara, ambos exclamaron: «Wow!» Aunque creo que no le dieron importancia, bueno, con decirles que les pregunté si ellos habían visto las auroras, ambos contestaron que «no», no puede ser -les dije, ustedes viven aquí precisamente donde tienen ‘regalado’ ese espectáculo ¿y no las han visto? Se me descolgó la mandíbula…y yo que viajé de tan lejos para tratar de verlas… Me di media vuelta y me retiré a mi habitación.
Era una pequeña luz verde algo difusa pero ahí estaba, entonces miré hacia donde había proyectado la cámara y pude ver aquella luz con mis propios ojos, no era nada brillante y era bastante difusa, nada apantallante, como para decir ¿esa son las auroras? en esos momentos ya mis ojos se habían acostumbrado a la obscuridad y comencé a ver algunas demostraciones de color verde pero muy vagas, tomé un par de fotos más y noté que cada vez aquella mancha verde se engrandecía y desaparecía en un segundo. 

El primer «stop» fue para ir al baño, el autobús paró en un bosque donde hacen parada todos los tours, pero no había más gente que nosotros, éramos aproximadamente 12 personas de diferentes lugares de EEUU y algunos asiáticos. Más tarde, el guía nos informó que desde ese punto estaríamos sin conexión de internet y, durante más de 10 horas, estuvimos en una montaña desde donde se apreciaba la más hermosa vista del valle.
Una vez que dejamos ese lugar, no tuvimos más conexión con internet, además nos anunció el guía que, a partir de ahí, tampoco había tendido eléctrico, veríamos casi nada de poblaciones ni gente, la última gasolinera también quedaba atrás y la carretera estaría muy transitada con tráileres con material pesado; el oleoducto nos acompañó a la par de la carretera por todo el trayecto. 
De pronto comenzaron a aparecer varias montañas repletas de pinos, estábamos entrando a la zona de las «White Mountains», los paisajes eran fascinantes, hermosos, fuera de este mundo; en una de las laderas sobre la carretera, llegamos a una zona donde los pinos estaban completamente cubiertos de nieve, pero eran ¡bolas de nieve!, parecía que estaba yo en otro planeta, muchos de los pinos estaban inclinados por el peso, ese panorama era maravillosamente extraño; el frío era congelante, no soportaba más de 2 minutos fuera del autobús, todos corríamos a tomar fotos a como nos permitía el clima y de retorno al autobús. 
Al cruzar este río, sobre el puente, el guía nos dijo: “Miren la luna ponerse en el horizonte”, yo traía el lente más potente y la fotografié desde mi asiento; el guía giró justo bajando del puente, nos llevó a un albergue para «el lunch», ya estaba casi obscuro, pero aún eran como las 2:30 de la tarde.
Caminamos hacia la orilla del Yukon que estaba completamente congelado, así que podíamos cruzarlo a pie, nos tomamos unas fotos y fuimos al albergue a comer, quizás estuvimos 1 hora aproximadamente y luego nos pidieron que abordáramos el autobús para continuar nuestro recorrido; aún faltaban un par de horas para llegar al círculo ártico.
Al salir del local, me llamó la atención la luna que se alzaba arriba de los árboles, bastante alto en el horizonte y me extrañó muchísimo; una compañera de tour que había abordado en ese lugar, me dijo: ¿A poco no es hermosa? refiriéndose a la luna, a lo que yo le contesté: ¡Sí, que lo es! Pero ella no notó nada más y al subir yo al autobús, de inmediato le pregunté al guía: ¿Qué no habías dicho hace un rato que la luna se «estaba poniendo» en el horizonte? Sí, contestó, ¿Pero entonces, por qué (dude nuevamente), veo la luna ahora un poco más arriba… «¡Ahora es el moon rise!» (ahora está saliendo), respondió. La quijada nuevamente se me desplomó… Nunca, nunca había visto ese espectáculo y di gracias por haberlo tenido frente a mis ojos. 

Algunos países con una parte importante de su territorio dentro del círculo polar ártico son: Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, Canadá, Groenlandia, Islandia y Estados Unidos, y ¡yo estuve en este último, en la señal de la autopista Dalton marcando la localización del círculo polar ártico en Alaska! Había yo cumplido uno de mis sueños más al pararme frente a ese letrero de un lado de la línea y del otro; la sensación es inimaginable, el frío, el panorama completamente nevado, los pinos, fue algo que marcó mis anhelos; había yo cruzado casi más de la mitad de Alaska para conseguirlo… y tengo mi certificado que la agencia me entregó al día siguiente en el hotel y dice así: «Manuel De la Cruz ha cruzado el Círculo Ártico.
Sábado, 20 de noviembre 2021″ Yo viví y experimenté esa sensación, cerraba yo un ciclo, un sueño más cumplido. Pero faltaba otra experiencia única, que llegó en su momento, en tiempo y espacio, quizás la más importante…
Bajamos de inmediato y lo que vi a lo lejos fue una pequeña luz muy tenue de color verde… mientras no le quitaba la mirada de encima, comencé a desenrollar mi tripié, a tratar de colocar la cámara en su extremo superior y a tratar de fijarlo sobre el piso cubierto por la nieve, el tripié se había congelado de una de las patas y no lo pude arreglar… en eso estaba, cuando miré hacia donde había comenzado aquel destello de luz tenue… de repente, aquello empezó a moverse de manera más rápida y fugaz y comenzó a venir hacia nosotros… yo me quedé con las manos sin guantes sosteniendo el tripié dañado por el congelamiento, no podía arreglarlo, entonces a como pude, metí las dos patas sobrantes para poderlo poner a nivel, pero me quedó casi en el piso; en lo que acomodaba la cámara y veía el cielo, no pude dejar de admirar aquella maravilla de la naturaleza al pasar sobre mi cabeza, fue una gran emoción ver aquellas serpientes en el cielo de colores verdes, morados y lilas, entre ratos, colores rojizos que se movían como una gran cortina sobre de mí, bajé la mirada hacia el horizonte y podía ver de ambos lados unas líneas gigantes de colores: las auroras habían cubierto todo el firmamento como algo mágico, iluminando todo el horizonte, todo era verde, todo eran figuras gigantes que iban tomando formas, ¡era impresionante, gigantesco, majestuoso, maravilloso, ver todo eso que comenzó a desarrollarse y a desaparecer así, tan fugazmente como llegó! 
La cámara se había congelado también, se quedó tomando fotos que no se reflejaban en la pantalla, solo hacía ruidos extraños; cuando quise sacar el celular, me costó un trabajo enorme, no pude ni poner mi huella digital para prenderlo, ya no podía manejar ningún objeto; así que haciendo un gran esfuerzo, me subí al autobús y comencé a tallar mi mano, el ardor era insoportable, parecía que me ponía yo una flama de fuego en el dedo menique; los dos dedos del pie izquierdo no los sentía y comencé a moverlos para que tuvieran circulación.
Todo lo que pude tener frente a mis ojos valió más que haber tratado de tomar una excelente foto, me importó más admirar la maravilla que tenía sobre de mí.
Todo a mi alrededor era un momento mágico, único, que no cualquiera logra verlo; cazar las auroras no es fácil, y yo estaba cerrando un capítulo que había soñado desde mucho tiempo atrás y que esa noche fantástica estaba culminando, llegaba a su fin aquel cometido que me había propuesto: ver a la aurora boreal. 

Alaska me dejaba un buen sabor de boca, me habían tocado unos días maravillosos, unas temperaturas nunca antes sentidas, ver y admirar esas montañas tan grandes cubiertas de nieve para mí era un sueño hecho realidad, y, sobre todo, haber podido ver las luces del norte, las auroras, ya que no todos han sido tan afortunados para poder admirarlas. Con mis compañeros de tour del día siguiente, fuimos a una montaña donde hay aguas termales, se localiza en una zona tan obscura, que se pueden apreciar las auroras, pero esa noche no tuvimos la dicha de verlas en todo su esplendor… sí se vieron, pero estaba nublado y ellos, mis compañeros de tour, se iban de regreso a sus lugares de origen al día siguiente sin haberlas visto; así me sucedió a mí cuando estuve en Islandia, pero esta vez sí pude cazarlas y eso ya para mí había sido una gran bendición. ¡Gracias Alaska! Me has dejado enamorado de tanta belleza natural, tantas expresiones de la naturaleza que pude constatar, sentir y vivir, ¡tanto así que algún día volveré…! 
Entré a un museo para aprender más sobre cómo vive la gente en Alaska, cómo soportan tan bajas y extremas temperaturas y hasta a un restaurante ruso me meti a tomar una copa de vino y comer algo; entre rusos me hallaba yo, que bebían y reían y de pronto, que escucho un inglés con acento latino, cuando esta mesera se, acercó (la otra mesera, la que me recibió era rusa), le pregunté en inglés de dónde era y me respondió: «I am from Mexico…» jajaja le respondí, I’m from la tierra de Andrés Manuel López Obrador, from Macuspana, Tabasco… jajaja, reímos y platicamos y hasta la invité a una video llamada con mis amigas las de Tabasco (Cunduacán, Jalpa de Méndez y Villahermosa), estábamos conectados platicando desde Fairbanks, Alaska mientras yo bebía mi copa de vino.
Una tarde sumamente muy agradable, intercambiamos direcciones y bueno, así me despedía esta ciudad gélida, con 27°C bajo cero. Mi vuelo de regreso a casa saldría hasta las 2:30 de la madrugada, así que me quedé en el centro de esa ciudad caminando y entrando a tiendas y mirando y tomando café posteriormente, en un café muy simpático donde me quedé haciendo mis blogs, en fin, un viaje muy placentero lleno de muchas emociones naturales, y, sobre todo: ¡mágico! 











«Falo Amorfo Titánico» es el nombre que recibe esta extraña flor que pude apreciar hoy en el «Longwood Garden» (Jardín Botánico) en el vecino estado de Pennsylvania…















Al final de cuentas, pasamos 4 veces seguidas a ver a la dichosa flor, y hasta la edecán que recibe a los visitantes en esa sala, nos dijo: «¡En verdad que son fanáticos de la flor! Adelante, pueden pasar cuantas veces lo deseen.» Y no era para menos… ver y admirar este espécimen no es de todos los días.

«Face coverings in service areas»; uno que me llamó mucho la atención fue aquel que decía: «Arriving from out of State? call 511 to determine quarantine status» (¿Arribando desde fuera del Estado? marque 511 para determinar su estado de cuarentena).
Poco después de haber cruzado la línea que divide el estado de New Jersey con el de New York, había un letrero que decía «We are NY Tough» (Somos un New York fuerte) y que pude observar en reiteradas ocasiones ya dentro de la Ciudad de Nueva York. 
mientras nos íbamos introduciendo por la zona de Brooklyn, noté la poca afluencia de tránsito, mucha gente dentro y fuera de los automóviles con mascarillas, así llegamos hasta el Ayuntamiento de la ciudad, ahí dejamos el auto estacionado y nos dispusimos a caminar…
la gran mayoría de la gente con cubre bocas, otras ni por error lo usaban y varios más con sus mascarillas mal puestas, con la nariz por fuera, en fin, así percibí la pandemia en la gran ciudad. 
Posteriormente nos dirigimos hacia el bajo Manhattan, donde estacionamos el auto y decidimos caminar hacia la primera torre del histórico puente de Brooklyn. Vi una Ciudad de Nueva York vacía, solo gente local, una ciudad sin sus turistas (observadores como nosotros quizás, pero nada más). Un apacible recorrido sobre el puente que nos dio tiempo de hasta posar para la foto, la otrora aglomeración de turistas había desaparecido, solo unos cuantos transeúntes y ciclistas corrían por ahí… nos dio tiempo hasta de posar para las fotos usando tripié y toda la cosa. 




Caminaba con Anna Rosenthal, la esposa de mi amigo Luis Tecco a orillas del lago Washington en Renton, WA. Ella me había dicho que no iba a ir a trabajar esa tarde para mostrarme algunos aspectos lindos que podrían gustarme de mi estadía en el estado de Washington. Yo le había dicho que me encantaban los paisajes montañosos y sobre todo si aquellas montañas o volcanes estaban nevados, esa es una pasión que siempre he sentido por estas panorámicas vistas…
La tarde comenzó a caer y el sol dorado comenzó a teñir con su color clásico aquel paisaje frente a mí y me tenía muy entretenido y admirado…, entre plática y plática y después de haber dejado atrás «su edificio donde vive» y admirando aquel panorama y el camino donde los transeúntes como nosotros también disfrutaban de aquella tarde fresca de invierno, Anna me dijo que ella salía mucho a hacer ejercicio en ese pintoresco camino, que para ella era muy lindo el recorrido, que la llenaba de energía pues además estaba en este parque junto a su apartamento. Habíamos ya caminado bastante y ella se paró de repente en aquel andador entre árboles y pinos, después de haber cruzado un pequeño puente andador donde la gente se detenía a admirar el paisaje… me paro yo también abruptamente y ella voltea y con un cargado gesto de admiración me dice: There she is!!!
Yo volteo rápidamente y lo primero que observo es la larga distancia que habíamos recorrido ya, siendo mi punto de referencia en ese momento, el edificio de apartamentos donde viven ella y Luis … me asombré por lo lejos que ya estábamos y en un segundo volteo a ver hacia atrás para observar otros aspectos como el color dorado del sol y ella se queda estupefacta, desconcertada y asombrada ante mi actitud, como si no me importaba esa «vista» que ella me estaba mostrando; de repente observo su cara y vuelvo en un instante a ver lo que ella había puesto frente a mis ojos y ¡logro ver por fin frente a mí, aquella postal tan hermosa con la que ella estaba tratando de sorprenderme! y sí, de la misma manera reaccioné y exclamé en inglés Oh-My-God…!!! ‘Guao’ ¡Ahí esta!




Me bajé donde Luis me había dicho que lo hiciera y comenzó pues mi caminata por el centro de la ciudad, caminé sin rumbo a donde mis pasos me llevaran… una ciudad limpia, bella, elegante y con colinas… entre ratos me recordaba un poquito a San Francisco, junto a la bahía, con hermosos paisajes, montañas nevadas y muchos, muchos pinos (evergreen). Ya era tarde y solo aproveché esa hermosa llegada de mi primer estadía en esta ciudad.
Ahí se vende cualquier cantidad de pescados y mariscos frescos así como también frutas y verduras y por supuesto no podía dejar este simbólico mercado sin probar una deliciosa sopa de mariscos frente a aquella bahía donde la saboreé (de lo más rico) con una copa de vino blanco.
Justo al frente de este mercado sobre la calle «Pike» se encuentra la primerísima tienda de la famosa cafetería a nivel mundial «Starbucks», donde por supuesto entré a comprar mi taza de café.
Conocer aquel pequeño establecimiento tan famoso y tomarme mi foto frente al logo en la entrada donde tienes que hacer fila para poder tomar tu selfie (pero yo llegué como Juana por mi casa, no había gente, me planté al frente y obtuve mi esperado recuerdo). Tienen que conocerlo algún día, es muy bonito recorrerlo y sentirlo.
O sea, mascas tu chicle y lo pegas donde encuentres espacio, hasta en el piso habían chicles… Esta tradición de pegar el chicle en la pared comenzó en 1993, justo a un lado de la taquilla del Market Theater, los asistentes a las producciones de teatro, pegaban goma de mascar en la pared introduciendo una moneda en su interior mientras hacían cola. Los empleados del teatro retiraron los chicles hasta dos veces pero finalmente desistieron después de que los jefes del mercado consideraran la pared de chicle como una atracción turística cerca de 1999.
Algunas personas han creado pequeñas obras de arte con goma de mascar (cabe mencionar que fue nombrada una de las atracciones turísticas más contaminadas por gérmenes en 2009). Salí de ahí con una sensación en la suela de mi zapato que ya se pueden imaginar y con un ‘sabor’ a chicles en la garganta …
En el interior, el piso de cristal gira 360 grados en exactamente 47 minutos; la vista hacia abajo parado uno en el cristal giratorio es simplemente de terror pero a la vez espectacular, tanto ahí como en su mirador en el exterior donde sus cristales inclinados hacia afuera dan otra sensación de terror al reclinarse sobre de ellos.
Subir y admirar el paisaje es muy lindo e interesante, la vista de la ciudad no deja de ser fabulosa.
El guardia en la entrada, simplemente me permitió admirar lo hermoso de esa selva tropical ahí dentro por unos minutos; se quedó conmigo explicándome un poco más sobre lo que hay en el interior, y por más que le lloré, simplemente me dijo que no podía dejarme pasar, pero me dio la bienvenida muy afablemente a la Ciudad de Seattle y concluyó invitándome a regresar posteriomente. Ya con eso me quedé, y muy amablemente se quedó conmigo dándome una pequeña reseña de las oficinas centrales de Amazon (abrió en Enero de 2018).
Al día siguiente fuimos a conocer la Ciudad Universitaria (Campus) de Microsoft, unas instalaciones gigantescas donde solo los «cerebritos» asisten a estudiar y dar a conocer todo lo que saben sobre tecnología, lo grande que es aquel espacio universitario de igual forma se puede comparar con su creador Bill Gates.
Después de ahí, nos fuimos a conocer una catarata llamada ‘Snoqualmie’, un parque natural inmensamente relajante.

Llegué por fin a la arrendadora y me puse en carretera con dirección hacia «Grand Teton National Park», no sin antes recorrer el parque refugio nacional de los «Elks» (Alces), hogar de la mayor manada de alces de la tierra.
Al llegar a tan imponente montaña no paré de admirarla, caminé varios kilómetros sobre un andador totalmente cubierto por la nieve,
me encontré a un guarda bosques con el cual me puse a platicar unos minutos, después caminamos juntos un tramo y posterioremente el siguió su labor.
Más tarde se acortó y adaptó al inglés como «Tetons». Esta zona cuenta con numerosos lagos y un ecosistema muy variado, el Jackson Lake con (24 km) y diferentes ríos.
Seguí mi camino hacia Yellowstone al norte del estado, el paisaje era primoroso, no había mucha gente en esa carretera de dos carriles únicamente, me introduje hacia la reserva ecológica admirando cada detalle del bosque, me paraba en muchos puntos de interés y turísticos para tomar mis fotografías, así pude admirar muchas aves y hasta un «coyote» o «lobo» nunca supe que animal era, pero me quedé un buen rato siguiéndolo con mi cámara y mi potente lente para fotografiarlo lo mejor posible.
No quería abandonar el lugar, era placentero el valle y le dediqué mucho tiempo, nunca había visto un animal así. Los turistas, pocos fueron parando al lado de la carretera al verme tan interesado en fotografiar a aquel espécimen tan hermoso.
Así llegué hasta que me topé con una barricada donde me prohibían seguir hasta Yellowstone; la noche anterior había estado nevando mucho y en esta área del camino mucho más y se notaba: la altura de la nieve era de más de un metro, parecía una barda a la orilla de toda la vía.
Entonces me desvié hacia un refugio y sí, ahí estaban unos vehículos que te podían llevar hasta Yellowstone pero por $300 dólares! Así que mejor decidí permanecer en el refugio, tomé un refrigerio, compré unos souvenirs y me devolví por el mismo camino al hotel; me dió mucho pesar pues intenté llegar hasta allá, pero como dice mi amiga Paola: ¡Volveré!
La gente estaba esquiando y disfrutando esa montaña, creo que no era para mí. Mejor me fuí a dar la vuelta de regreso por otra ruta que había visto ahí mismo en mi GPS,
y allá voy poco a poco, internándome en esa carretera sumamente inclinada y nevando, los pinos estaban cubiertos completamente de nieve, el paisaje era precioso, pero el carro no me respondía mucho, no subía la velocidad a más de 35 millas por hora, por lo alto de esa cuesta, entonces mejor decidí bajarme en un paradero turístico para dejar pasar a la fila de vehículos que venían tras de mí; me dió un poco de temor pues la carretera estaba congelada y el carro resbalaba un poco de repente, por eso decidí tomar un pequeño descanso.



Solo salí a caminar un momento y a pedirle a una pareja que estaba esquiando que me tomaran una foto y yo hice lo mismo con ellos, poco después, se deslizaron montaña abajo… ahí mismo desaparecieron los dos de mi vista.
Bajar en el funicular fue sencillamente sensacional y aproveché para tomar mis últimas fotografías y video. Al bajar, caminé bastante por sus diferentes calles para terminar de disfrutar estas vacaciones que me habían llenado de energía nuevamente.
Así dejé atrás tan imponentes montanas cubiertas por la nieve, hermosos paisajes naturales, un viaje sin igual, (justo 4 días después que salí de Seattle, se declaró el estado de emergencia por el COVID-19; hasta el día de hoy, no he mostrado ningún cambio en mi salud, espero seguir resistiendo esta #Cuarentena).
Recordando a mamá en su cumpleaños, el 30 de noviembre, habría celebrado 85. Y platicando con mi hermano Miguel, sobre todo lo que pude ver en mi más reciente viaje a Hawaii, él recordó un dicho que mi mamá solía decir… “Tus ojos serán mis ojos”, alguna vez me lo dijo mi mamá cuando andaba yo por París, Francia, precisamente al pie de la hermosa Torre Eiffel; ella lo mencionó mientras mantenía una llamada de larga distancia por teléfono con ella: “Estoy ‘viajando contigo’ desde que comenzaron a llegar tus postales y desde que comenzaste a llamar por teléfono para describirme lo que ves.”


También lo visité de noche, esa era la idea; claro, ya para cuando llegó la noche, yo estaba con el ‘bofe de fuera’ de lo cansado que me sentía. Caminé ese Boulevard como no tienen una idea, entre ratos me sentaba a tomar una copa de vino, una cerveza y a platicar con algunas personas a mi lado, admirando la opulencia de esta inmensa ciudad que creció sobre un desierto; la pude admirar desde lo alto, y esperar allá arriba el atardecer.
Recorrí varios de sus imponentes casinos rodeados de lujo total, y como en 5ta. Avenida de Nueva York, también sus exclusivas boutiques de lujo. Comida y lugares para todo tipo de bolsillos. A propósito, para los que les gusta aparte “volar” como en otras ciudades de la Unión Americana, pude oler en muchos puntos de la ciudad la mariguana que me provocaba un dolor de cabeza de lo ‘natural’ que se huele esta yerba en todo Las Vegas.
Proseguí mi camino hacia el Gran Cañón del Colorado en su parte ‘Oeste” donde arribé y estacioné el vehículo. Desde ahí, en un bus nos llevaron a tres diferentes lugares de la tribu Hualapai, para poder admirar el Cañón.
En la primera parada había un mirador donde por US$80.00 podías recorrer el ‘anillo de piso de cristal’ (Skywalk), una plataforma circular que sobresale del precipicio a más de 1,400 metros de altura respecto a la base, con unas vistas panorámicas muy especiales, sobre todo el “Eagle Point” un punto sagrado para la tribu Hualapai donde puedes apreciar un águila con sus alas abiertas sobre la roca del Gran Cañón.
Salí de ahí y me dirigí en la transportación que proporciona el parque, hacia otro punto del Cañón, una zona donde estaba de más mencionar los ‘avisos’ de peligro extremo, obviamente sin ninguna barda o barandal que protegiera a uno del precipicio. Aún así, vi caer y rodar a una persona que, sin precaución alguna, pisó mal en aquel andador irregular de piedras y grava; el peligro es latente, uno tiene que tener extremo cuidado, pues es tanta la admiración ante tan grande e inmenso panorama, que se le olvida a uno que no existe barda alguna de protección, no por nada nos advirtieron antes de iniciar el recorrido en todos los tours que tomé, que habían muerto ya 17 personas sólo en ese año (2019) por los famosos ‘selfies’ y por no tener precaución; sólo de imaginar el riesgo de resbalar y caer, creo que me ponía muy nervioso ese andador, pero aún así lo recorrí, por supuesto que me acerqué hacia la orilla, pero con mucha precaución y giraba con mucho más cuidado…
En fin, la vista desde ahí, en esa cañada, era impresionante; donde aprecié desde lo lejos acercarse un helicóptero, verlo pasar frente a mis ojos e irse introduciendo clavándose en el Cañón, abajo y más abajo, hasta desaparecer frente a mis ojos en aquella inmensa ‘barda’ rojiza de peñascos. El helicóptero desapareció de mi vista, no pude seguirlo, simplemente desapareció de mi vista camuflajeado entre la inmensa pared del Gran Cañón.



El principio del final de la Ruta 66 fue para 1956 cuando entraron las autopistas interestatales de alta velocidad. Existen algunos estados que en ciertos tramos de la Ruta han preservado sus gasolineras restauradas (ya no en servicio) como adorno histórico, por algo aún conserva su declaración como “Ruta Histórica 66”.


Nos trepamos nuevamente al bus y llegamos al lugar de la entrada del parque precisamente sobre una montaña y desde ahí lo que pude apreciar fue simplemente espectacular, inmenso como el Gran Cañón, pero muy diferente, aquello parecía otro planeta. Otro tour nos introdujo hacia ¨ese planeta¨, el guía era un nativo del lugar que nos hizo el recorrido por los diferentes monolitos gigantes, puntos de interés y hasta nos llevó y nos introdujo a una casa donde ellos suelen vivir; ahí nos tocó la flauta donde todos los presentes quedamos admirados con aquella melodía en esa vivienda tan rústica… en verdad una gran experiencia sentir esa tierra, ese lugar fuera de serie, diferente a lo que antes había vivido.
Después de dos horas estaba yo arribando a aquel punto donde esperaría a mis viajeros para continuar el trayecto de vacaciones.
Bajamos del avión de American Airlines para posteriormente subir a uno de Hawaian Airlines, desde entonces comenzamos a escuchar el “ALOHA” a cada momento.
Fue muy divertido hacer el “check in” pues tuvimos que salir caminando del aeropuerto y girar hacia otra sala para poder abordar el siguiente vuelo. Una vez en la sala de espera, completamente abierta (hacía calor), nos metimos a un bar para probar la famosa cerveza “Kona”, tremendo vaso de cerveza que nos deleitamos antes de abordar el siguiente vuelo hacia Oahu.





En fin, el aterrizaje fue excelente, el vuelo mucho más emocionante y placentero por poder admirar tanta belleza desde el aire.


Al bajar, ya dentro del cráter, nos deleitamos con un delicioso jugo de piña con trocitos de esta exótica fruta que nos supo a ‘gloria’ ¡Lo logramos Tere, -le dije a mi prima-, lo logramos!
Por la noche, no podíamos dejar Hawaii sin asistir a un evento muy hawaiiano: El “Luau” un festín con música, actos y tradiciones culturales, baile de “Hula” una danza que va acompañada de cánticos y sonidos de tambores y muchos bailarines. Cabe mencionarles que este espectáculo es a orillas de la playa con una vista sensacional desde ahí, entre palmeras y montañas a lo lejos. Una gran experiencia y delicioso sabor que nos dejó Hawaii, en verdad vale la pena conocer estas islas en medio del Océano Pacífico, su gente sumamente amable y su cultura, sus calles y avenidas y sus opulentes tiendas, comida, playa y surfing, sin dejar de admirar los constantes arcoiris que se forman en segundos…, Mahalo Hawaii, Mahalo! (gracias).



