
Hace muchos años tenía la inquietud de visitar este país centroamericano llamado Guatemala y después de mirar muchos videos en la red de #TikTok, me di a la tarea de investigar y fui armando mi viaje hacia Guatemala.
La mayoría de los pueblos indígenas de Guatemala son de ascendencia maya. Existen 21 comunidades mayas diferentes en Guatemala, que representan aproximadamente el 51% de la población nacional, convirtiéndose en la única república centroamericana donde la cultura indígena maya prevalece en la mayoría de la población.
Tomé un avión y salí directo desde New Jersey hacia Ciudad de Guatemala. Al llegar, la marimba guatemalteca nos recibió con su singular música y retumbaba en todo el aeropuerto. Me hizo sentir muy bien escuchar esas melodías que serían clave para fascinarme cada vez más de un país lleno de cultura y belleza natural.
Me instalé en el hotel y de inmediato salí a la calle para comenzar a conocer la ciudad, llegué al centro histórico de la capital y lo disfruté al máximo, ver su gente proveniente de los pueblos originarios vendiendo artesanías en la explanada, la bandera guatemalteca izada y observar cada movimiento de las personas, las vestimentas autóctonas de su gente, llenó de colorido mi visión; ahí esperé hasta que el sol fue pintando de color dorado los edificios históricos del centro de la ciudad. También comencé a escuchar la lengua original, el «Maya», la mayoría de la gente lo habla, incluso los más pequeños, señal de que la lengua se sigue transmitiendo a las nuevas generaciones.

La ciudad se encuentra ubicada en la región centro-sur de Guatemala, dentro del Valle de la Ermita, a una altitud aproximada de 1,500 metros sobre el nivel del mar. Esta localización le otorga un clima templado, con estaciones bien definidas, y favorece la presencia de extensas áreas verdes que se distribuyen a lo largo de su territorio urbano.

Muy temprano por la mañana del día siguiente, me fui al aeropuerto La Aurora para salir volando hacia Flores, quería ver con mis propios ojos ¿qué escondía la selva guatemalteca?

Despegó el avión de la aerolínea Tag Airlines muy puntual, el panorama al ir subiendo es bello, Ciudad de Guatemala rodeado de volcanes muy cercanos y modernos edificios entre grandes cañadas y montañas y poco a poco el panorama fue cambiando a un verdor espeso y selvático; estaríamos llegando ya a la zona donde el aeropuerto de Flores nos esperaba, así pues, aterrizó la nave y bajamos poco a poco, había calor y se sentía húmedo el ambiente, caminé desde el avión hacia la terminal aérea y salí del aeropuerto, allá, una persona esperaba por mí, ahí me hizo sentar en una palapa para esperar mi transporte que me llevaría 65 kilómetros selva adentro donde sería el encuentro con una de las culturas mayas y yacimientos arqueológicos y centro urbano de esta civilización.
Tikal «lugar de las voces» que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.

Llegamos a la entrada principal del parque nacional y comenzamos a recorrer el yacimiento Arqueológico (ciudad Maya), su construcción fue en el siglo IV a. C. y fue abandonado alrededor del año 900 d. C. Tikal mantenía vínculos con otras regiones, a lo largo de Mesoamérica, incluso con Teotihuacán, en el lejano Valle de México.
Yo iba con una back pack con todo mi equipo fotográfico bastante pesado, entre la humedad y el calor comencé a sudar, hasta que por fin iniciamos el recorrido en forma; el guía nos condujo entre árboles y maleza y un camino de terracería al primer templo donde nos permitió subir hasta la cima, la selva estaba a nuestro alcance y a nuestra altura; otro templo sobresalía entre la punta de los árboles como un elefante… una imponente edificación…, más allá estaba una de las torres de tantos templos que se alzaba hermosamente sobre la selva.

Llegar hasta allá arriba no fue nada fácil, era pues, mi primer reto, al menos para mí. Con tramos de escaleras de madera por medio de andamios asciende uno a la cúspide del Templo de la Serpiente Bicéfala, una estructura milenaria de piedra, desde allá la vista es impresionante y vale la pena subir tantos escalones para contemplar su belleza en todo su esplendor. Me senté por un momento y mi mente voló al pasado para tratar de vivir lo que los habitantes en esa época tenían frente a sus ojos: una selva guatemalteca llena de verdor que escondía algo entre su follaje; mientras me relajaba con tan impresionante verdor, imaginaba esos amaneceres que tanto promocionan las agencias de viajes: despertar y ver salir el sol entre la niebla y la selva húmeda, que debe ser muy significativo para todo aquel que lo experimenta, no sin desmerecer lo que yo estaba sintiendo en ese momento sobre lo que descubría de la hermosa selva guatemalteca.
Al descender del Templo de la Serpiente Bicéfala, seguimos caminando entre selva y humedad y observamos muchos montículos cubiertos de vegetación que aún no han sido «descubiertos» y que se mantienen así, repletos hasta de enormes árboles que se aferran con sus raíces a la piedra de cada estructura que se alzaba frente a nuestra vista.

Entre que iba disfrutando aquella extensa selva húmeda y calurosa, se visibilizaba uno de los edificios más significativos de la ciudad de Tikal…, ahí estaba pues frente a mí, El Templo del Gran Jaguar y se le conoce así debido a un dintel que representa a un rey sentado en un trono de jaguar. El Templo I es una estructura piramidal escalonada de piedra caliza de estilo típico del Petén que data aproximadamente del año 732 d. C., giré sobre mi eje para poder con mis ojos captar tanta inmensidad de templos a mi alrededor, aquellas estructuras de piedra se alzaban frente a mí imponentemente, eso fue una gran impresión, dimensionar lo que antes había observado cuando visité Palenque en Chiapas, que aunque son estilos distintos, ambos representan la cúspide de la ingeniería y arte maya.
Todo el día caminando en la histórica ciudad de Tikal, admirando en todo su esplendor entre la húmeda selva guatemalteca fue una experiencia extraordinaria para mí, y aún más cuando el guía nos informó de la influencia que existió de Teotihuacan en México, sobre Tikal y que ahí estaba claramente ejemplificado en uno de sus templos. Por la tarde retornamos a Ciudad de Guatemala por la misma vía y disfrutando el paisaje desde lo alto antes de aterrizar en la ciudad, una experiencia que valió la pena sudar.

Por la noche ya bien cansado, caí como piedra y alrededor de las 2 de la madrugada, escuché el sonar de las alarmas del hotel y empecé a sentir un fuerte movimiento y tronar de todo el edificio, pero estaba yo tan cansado, que no le tomé importancia… A la mañana siguiente, antes de irme a mi siguiente destino, pregunté en la recepción que había sucedido, bueno, pues fue un fuerte temblor de aproximadamente 6 grados lo que había suspendido mi profundo sueño.

Llegué a Antigua en Uber, por una carretera tan transitada y peligrosa que me asombraba la velocidad de los autobuses de pasajeros foráneos; entre esas ‘carreras’ en las carreteras, fue también singular admirar el colorido de aquellos autobuses públicos, que al detenernos en una estación de gasolinera no perdí la oportunidad de posar con ellos, son relativamente muy coloridos.

Antigua, es una ciudad de origen colonial en el Altiplano central de Guatemala, en las faldas del Volcán de Agua, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1979. Se encuentra a una altitud de 1582 m.s.n.m. vale la pena permanecer en ella al menos 5 días para poder disfrutarla y sobre todo sus alrededores. Dentro de Antigua, los edificios más importantes en belleza histórica se encuentran: El arco de Santa Catalina, Iglesia de la Merced, Catedral de San José, entre otros grandes monumentos históricos y clásicos.

Desde Antigua, contraté un tour a uno de los lugares más hermosos en los que he estado en mi vida, era mi segundo reto que me había propuesto alcanzar, lo tenía pues muy cerca de mí y no podía dejar de lograr este acontecimiento que resultó en mi preparación física para alcanzarlo: subir al Volcán Acatenango (estratovolcán, el tercer volcán más alto del país a 3976 m.s.n.m.), para admirar frente a mis ojos el Volcán de Fuego (estratovolcán a 3763 metros de altura), fue toda una hazaña que me costó lograr, pero sí, lo hice. Primero llegamos a una oficina a las afueras de Antigua donde nos señalaron los protocolos de seguridad, ahí nos proporcionaron una «aspirina» para ir acoplándonos a las diferentes paradas de altitud que iríamos haciendo durante el trayecto hacia arriba. También nos dieron un «lunch» y una botella de agua, así pues, nos trepamos a esa 4X4 y llegamos al primer campamento (2000 m.s.n.m.) donde sería el último lugar para pasar al baño convencional, ya que en el último campamento donde pasaríamos la noche, solo podríamos utilizar «letrinas». Así fuimos ascendiendo en aquel vehículo entre brincos y suspiros, donde solamente un profesional podría manejar en tales condiciones, ese camino de terracería en verdad era bastante inclinado y estrecho, mientras la vegetación iba cambiando al ir ascendiendo; primero mucho polvo en las laderas del volcán, después un bosque nuboso y húmedo, ya frío. A una hora aproximadamente de camino empinado, llegamos al lugar donde tooodos aquellos vehículos ya no pueden seguir, el sitio tiene una inclinación totalmente impresionante, incluso, tienes que tener mucho cuidado al descender de la 4X4 pues podrías rodar. Ahí habíamos muchos turistas intrépidos a quienes aún nos faltaban aproximadamente 45 minutos (según el guía ahí nos encontrábamos a 3,500 m.s.n.m.) para alcanzar el campamento final, pero calculo que yo lo logré en 1 hora, entre las nubes y la neblina que cubrían por completo la brecha y un frío que se incrementaba según íbamos subiendo aquella montaña que no estaba a la vista por las nubes que nos cubrían… literalmente fue un ascenso entre las nubes. Para lograrlo, tuve que parar varias veces para respirar bocanadas de aire, pues mi corazón latía al mil por hora, además el guía nos recomendaba hacerlo y beber solamente un sorbo de agua, se te reseca la garganta de una forma que cuesta tragar saliva. Así continué hasta que nos informaron que habíamos llegado al lugar donde pasaríamos la noche.

Al llegar (3,600 m.s.n.m), me senté a descansar, sentía que había logrado mi segundo reto y había llegado sano y salvo después de la odisea de la carretera y los brincos, del estrecho sendero y de las palpitaciones de mi corazón…, me recosté en uno de los camastros a esperar que el cielo se despejara, seguíamos entre las nubes y no se apreciaba absolutamente nada. De pronto, poco antes de la puesta de sol, las nubes dejaron ver una panorámica impresionantemente hermosa: ahí tenía justo frente a mis ojos, al magnífico Volcán de Fuego, aquél por el cual yo había hecho este tour, el coloso en todo su esplendor, a unos cuantos kilómetros frente a mí, mostrando aquel bosque de pinos y aquel cono descubierto donde se podía apreciar aún más abajo, a los pueblos circundantes al volcán.

La temperatura bajó esa madrugada a -2 grados centígrados, en el campamento nos prepararon comida caliente y café y chocolate caliente. Comencé a ver la punta del volcán de fuego ligeramente roja por su actividad, desafortunadamente me tuve que conformar con esa pequeña exhalación, pero fue todo un placer sentir aquel frío de las alturas de estos dos volcanes y admirar un cielo completamente obscuro donde las estrellas se veían en plenitud en todo el firmamento. Solo me recosté un par de horas pero me salí de la carpa, pues yo no había ido hasta aquella montaña a dormir, así que me salí con un cobertor y me senté frente a aquella panorámica tan imponente teniendo al coloso de fuego frente a mí, entre destellos… abajo las luces de algunas poblaciones… un momento sublime para recapitular; toda una hazaña el haber conquistado esa cumbre tan alta y poder deleitarme con aquella belleza completamente natural frente a mis ojos y después aquel amanecer tan espectacular cuando el sol fue saliendo en el horizonte y se alcanzaba a ver el Volcán de Agua a lo lejos, no menos bello.

Unas horas más tarde, retornamos hasta la parte donde habíamos dejado la 4X4, admirando el descenso completamente despejado, la panorámica era tan bella, tan natural, se respiraba un aire helado y las nubes volvieron a abrazarnos durante aquel descenso tan inigualable y momentáneamente pude disfrutar aquel camino en esplendor; se despejaba de pronto por arte de magia y justo ahí podías alcanzar a ver el horizonte; aquella estampa quedó plenamente grabada en mi memoria, fue una vivencia única haber alcanzado el campamento y haber disfrutado aquel momento natural junto al volcán.

Mi última tarde en Antigua la dediqué a recorrer sus callejones empedrados, y a platicar con su gente. Me senté en una plaza donde una vendedora se acercó a mí, le compré un souvenir con tal de que se quedara junto a mí para charlar, hablaba español y obviamente su lengua Maya, pero la disfruté tanto que reímos por un buen rato y le pedí una foto; después me encontré a otro vendedor que era un poco más difícil de entenderle en español, pero también lo mantuve junto a mí platicando sobre su lugar de origen y conviviendo con él para empaparme de su cultura y esencia.

A la mañana siguiente tomé un transporte hacia mi siguiente destino, una maravilla enclavada entre montañas: el hermoso Lago de Atitlán, el lago más profundo de Centroamérica y es el segundo lago más grande por superficie de Guatemala. Su parte más profunda se encuentra a 340 metros aproximadamente.

El lago corresponde a una caldera volcánica. En sus márgenes se alzan los volcanes de Atitlán (3537 m s. n. m.), Tolimán (3158 m s. n. m.) y San Pedro (3020 m s. n. m.). El lago está situado a 1560 metros sobre el nivel del mar y tiene 18 km. de longitud.
El transporte me dejó en medio de San Pedro La Laguna, donde había contratado una habitación de hotel; para llegar hasta allá, tenía que tomar un «Tuk-tuk» un transporte clásico y característico de San Pedro, justo a las orillas de Atitlán. Y ahí voy pues, con aquel intrépido chofer recorriendo callejones y callejuelas muy estrechas en aquellas laderas de las montañas, entre viviendas y comercios, tal como si fueran favelas (asentamiento informal o precario). Ya iba yo en aquel vehículo, y nervioso, pues aparentemente parecía todo un barrio de mala muerte, hasta que el chofer me indicó: «Ahí está tu hotel» y volteé hacia aquel estrecho camino de terracería donde no veía nada parecido a un hotel, pero… «Perfecto» – dije yo dentro de mí, «Bueno, no me queda más que caminar por ahí». Aquél callejón estaba completamente solitario, era de día pero no me daba nada de confianza, nunca había yo llegado o tratado de llegar a un hotel en esas condiciones y con mi maleta arrastrando y todo aquel equipo fotográfico que me molía el hombro, hasta que por fin pude leer el rótulo de mi hotel que anunciaba la entrada. Era otro callejón lleno de arriates y flores de buganvillias de colores, aquella entrada no parecía nada similar a la de un hotel y me pregunté en ese preciso momento: ¿Qué cosa fue lo que había yo contratado por internet?

El caso es que entré por aquella puerta y crucé el lobby y toqué la pequeña campana que había sobre el mostrador; alrededor, unos gatos y un lobby casi completamente abierto pero cubierto de la maleza, plantas, enredaderas y flores. Al fin salió la recepcionista y pude hacer mi check in, de inmediato le pregunté si era seguro andar por ahí y sobre todo tomar ese medio de transporte Tuk-tuk (había leído antes que era el único medio de transporte para trasladarse por todo aquel pueblo), la recepcionista me dijo que sí, que el lugar era bastante seguro inclusive por las noches. En fin, me encomendé a Dios y me retiré hacia mi habitación; al cruzar un pequeño pasillo, tuve frente a mí un balcón con una vista impresionantemente hermosa del Lago de Atitlán y las montañas que lo rodean, aquella paz que sentí en ese momento, borró toda aquella mala impresión que había sentido en cuanto a inseguridad en San Pedro La Laguna.

Por la tarde tomé mi tuk-tuk y me dirigí a San Juan La Laguna, un poblado justo a un lado de donde me había hospedado, para comer algo y recorrer el lugar. Ahí estuve en esa área por espacio de 3 días, pues al día siguiente tendría un encuentro con «el Rostro Maya»

Desde un pequeño restaurante justo frente al lago Atitlán, disfruté de un atardecer sin igual, mirando las lanchas y transportes marítimos llegar y salir del muelle, un momento para mí muy gratificante en verdad; luego salí de ahí a recorrer sus coloridas callejuelas y admirar todos los tuk-tuk que cruzaban a mi alrededor, pintorescos y adornados con luces de colores y música a todo volumen.

Por la madrugada a las 3:00 am, salí de mi hotel, estaba bastante fresca la temperatura, así que recorrí aquella vereda solitaria casi sin luz, hasta llegar a ‘la calle’ donde el tour que había contratado iba a pasar por mí. Llegué a aquella boca-calle y el silencio me invadió, el sonido de algún perro ladrando a lo lejos incrementó mi incertidumbre, pero más aún cuando comencé a escuchar el motor de un tuk-tuk que se aproximaba, pero me entró temor y me escondí en aquella obscuridad del callejón y esperé a que pasara; una vez que cruzó frente a mí, salí nuevamente a mirar si mi transporte venía hacia mí a como estaba contratado y sí, de repente veo unas luces de un vehículo más grande que se acercaba, pero guardé cautela, con algo de miedo pues estaba yo completamente sólo ahí.
En ese momento, escuché a lo lejos que mencionaron mi nombre y pude confirmar que era mi transporte turístico, el que me llevaría al encuentro con el «Rostro Maya» (su silueta simula un rostro humano acostado, visible desde el lago), una destacada atracción en el Lago Atitlán. El Rostro Maya, también conocido como Nariz India, es una cresta montañosa y un mirador popular con vistas al Lago Atitlán en Guatemala. El perfil de la montaña se asemeja a un rostro humano, por lo que es un lugar famoso, especialmente para hacer excursiones al amanecer, pues ahí estaba yo ya en mi transporte, donde mi guía, mi querido amigo Francisco Vásquez se esmero en ayudarme a lograr este nuevo reto de escalar esa montaña y llegar a la cumbre.
Al llegar al último poblado llamado Santa Clara La Laguna, (allí se habla el idioma Maya Quiche), ahí comenzamos el ascenso hacia aquel Rostro…, cruzando primeramente un cementerio (a esas horas obscuras de la madrugada, un poco patético para antes de ascender), posteriormente nos cruzamos mi guía, dos turistas más que iban con nosotros, un par de vacas pastando en aquellas laderas,… mientras el camino era bastante fácil al principio, cambió minutos después cuando en verdad tuve que ascender por escaleras rústicas y bastante empinadas. Mientras iba ascendiendo en mi tercer reto planeado en este viaje, se iba complicando mi cansancio, la pareja que iba con nosotros se había adelantado, yo me iba quedando rezagado en el camino, pero mi guía Francisco siempre estuvo ahí junto a mí; hubo un momento en que le comuniqué que ya no podía ascender, mi respiración y mi corazón me lo impedían, ya no podía más, la resequedad de mi garganta era extrema, pero Francisco tuvo una idea: me pidió llevar mi ‘back pack’ con mi equipo fotográfico y postrarse detrás mío, comenzó a ‘echarme porras’ como vulgarmente se dice, ¡Usted puede! solo escuchaba… ¡Lo puede lograr, descanse y siga poco a poco!, nuevamente le dije: ¡No más, no puedo, me quedo aquí! A lo que él exclamó:¡No puedo dejarlo aquí, tiene usted que llegar hasta el final, allá verá lo que se perdería si no lo intenta! Así transcurrió un momento que para mí fue clave y me dio la fuerza suficiente para seguir subiendo aquellas escaleras rústicas, entre un ambiente completamente seco y frío, mi garganta como un desierto y aquella cúspide que no veía…, de pronto comencé a oler a humo y le pregunté a Francisco, él respondió que ya estábamos a escasos metros donde escuchaba yo voces, y aquel humo era de preparativos con leña de café y chocolate caliente con que las agencias recibían a los turistas al llegar a la cima.

Por un momento pensé que alucinaba haber olido humo que no sabia de donde provenía; por otro lado, el escuchar esas voces y no ver la cúspide,… me sentí medio aturdido; pues sentía que el esfuerzo no valdría la pena… Al llegar por la parte posterior a la ‘Nariz del Rostro Maya’ los gritos de: ¡Lo lograste, lo alcanzaste! me llenaban de fuerza y más al dar otros dos pasos en aquel estrecho lugar, y poder ver ante mis ojos aquel lago inmenso, aquellas siluetas de los volcanes circundantes que se asomaban en la obscuridad del amanecer y las luces titilando de los poblados junto a la laguna, fue simplemente sublime, reconfortante e impresionante. Había yo logrado un reto más que me había propuesto, me senté frente a aquel acantilado a esperar la salida del sol junto a la bandera ondeante de Guatemala, con aquel singular sonido al cruzar el viento del amanecer; el silencio era inmenso hasta que vimos en el horizonte salir el astro rey y todos los ahí presentes exclamar ante aquel acontecimiento tan hermoso vivido en aquella nariz del rostro maya a 2,263 m.s.n.m

Después de aquel espectacular alba, bajamos ya, admirando la belleza del lugar y agradeciendo primeramente a Dios por haberme ayudado a conquistar esa ‘Nariz’ y por segundo a mi guia, mi gran amigo Francisco Vásquez por haberme ayudado con su voz y paciencia, incrementando el poder de la palabra para llegar a la cima,… Sin lugar a dudas, un gran ser humano, quien hace este trabajo regularmente, ayudando a turistas a alcanzar tan sin igual belleza natural. Si lo desean contactar, aquí su información: «GuiArte Atitlán GT» https://maps.app.goo.gl/4DuuTsifyu1rd6iF6 Francisco Vásquez.

Al día siguiente dediqué mi día a caminar por Santiago Atitlán, a donde llegué a través de una embarcación; allá disfruté parte del día y retorné a San Pedro para organizar mi retorno hacia la Ciudad de Guatemala. Mientras caminaba por ahí, entré a una agencia para contratar el transporte que me cruzaría el Lago Atitlán hacia Panajachel donde tomaría mi bus hacia la capital…, tenía hambre y le pregunté al agente si me recomendaba un restaurante para almorzar algo y él me indicó que justo debajo, al salir de la agencia de viajes, había un restaurante con una vista espectacular donde podría yo comer algo…, al bajar, me senté en una de las mesas y mientras disfrutaba ciertamente de una hermosa vista, ordené algo de comer cuando de repente…

Escuché detrás mío una voz que me decía: ¡Don Manuel De La Cruz…!, Acto seguido volteo completamente asombrado y miro a una persona que sabía que conocía pero no recordaba su nombre… Habían pasado 25 años desde la última vez que lo había visto! Era mi singular compañero de trabajo que alguna vez habíamos laborado en Costa Rica en el Hotel Meliá Conchal, Don Mauricio Zárate, cosas de la vida y coincidencias, él había ido a San Pedro La Laguna por un día de visita y yo había bajado a ese restaurante porque tenía hambre y lo que son las cosas, me encontró ahí donde tuvimos la oportunidad de darnos un fraternal abrazo. Él, costarricense, que vive actualmente en México y yo, en EEUU, ¿qué coincidencia, cierto?

Al día siguiente muy temprano, dejé el hotel y me transporté en un tuk-tuk hacia el embarcadero donde tomaría mi lancha que me llevaría hacia el otro lado del Lago Atitlán. El recorrido aquella mañana fresca y ver amanecer sobre el lago, fue simplemente espectacular, los volcanes que rodean Atitlán y ese color azul profundo del lago, la verdad me dejó una despedida con un sublime «retornaré» muy pronto.

En verdad, mi paso por unos cuantos días por este país centroamericano, «Tierra de Árboles», me ha dejado asombrado con su natural belleza, por su arqueología e historia, por su gente, su idioma y dialectos que aún conserva; aquellos pueblos originales que aún mantienen esa esencia que muy pocas poblaciones en el mundo quisieran aún tener. Un país con singular y profundo color verde, que no por nada le llamaron la tierra de árboles, gracias Guatemala, gracias a su gente tan linda, me llevo un recuerdo muy importante en mi memoria, gracias nuevamente por ello.
Corrección ortográfica y sintaxis, por Alicia Alvarado Ballesteros.





























































Llegué a la caseta de cobro y por 13 dólares te dicen que te posiciones en la fila número 1, ahí hay un semáforo que te va a indicar en qué momento puedes comenzar a cruzar; la velocidad ahí dentro es de 35 millas por hora y te van vigilando; mientras esperaba mi turno me puse a hacer mis videos, a tomar fotografías y a admirar lo bello de ese lugar, no había nadie más que yo. Whittier, es una ciudad ubicada en el área censal de Valdez. En el Censo del 2010 tenía una población de 220 habitantes y la ciudad es conocida porque casi la totalidad de su población vive en un mismo edificio…, y así lo pude constatar, no hay más nada que ver, parecía un puerto fantasma. Acudí a un pequeño museo donde solo había un letrero que decía, «$5.00» para entrar, deposite aquí…, y entré, una serie de fotografías y artículos muy interesantes, pero algo que noté fue que también como en otras partes, existían fotografias de grandes terremotos y Tsunamies (como el gran terremoto de Alaska en 1964 con una magnitud de 9,2 Mw «magnitud de momento sísmico») cosa que no me hacía muy feliz que digamos, le tengo terror a esos movimientos telúricos. Whittier se encuentra en el extremo norte del bosque templado húmedo. Es la ciudad más húmeda de Alaska y los Estados Unidos. Entré a un restaurante donde los locatarios hablaban su propia lengua (20 idiomas nativos están reconocidos legalmente en Alaska desde 2014), ordené un café, me lo bebí y me retiré del lugar, no había más que ver por ahí… Así que decidí irme hacia donde estaban los semáforos y los vehículos que esperan su turno para atravesar el túnel y ahí esperé el mío…, dentro del túnel, también van las vías del tren, cuando el tren viene, primero dejan pasar a aquella locomotora y posteriormente a todos los vehículos que esperan cruzar; es como atravesar de un mundo a otro, sentí esa sensación como si estuviera en la guerra. Al llegar al final del túnel, una enorme compuerta se abrió electrónicamente para que yo pudiera salir… fue impresionante, además de que dentro del túnel había una especie de techos como para proteger y detener por si llegase a presentarse algún derrumbe, además, pude observar sobre las paredes rústicas de piedra de la montaña, pequeños escurrimientos de agua que caen hacia el piso.
La economía local de Seward está impulsada en gran medida por la industria pesquera comercial y el turismo estacional. Muchas instalaciones de alojamiento, restaurantes y tiendas en la ciudad atienden principalmente a los turistas, y solo están abiertos al público durante la temporada turística de verano, que generalmente se considera que se extiende desde mediados de mayo hasta mediados de septiembre. Pero yo llegué en noviembre simple y sencillamente para admirar sus montañas completamente cubiertas de nieve.
Para llegar hasta aquí, en la carretera hay avisos muy grandes donde previenen sobre «avalanchas» e inclusive, advierten esos letreros ‘no detenerse’ (imagino a tomar fotos o a ver cómo se deslizan los tumultos de nieve en otras montañas), las pude ver ya deslizadas abajo, pero recorrer de 4 a 5 millas mirando hacia arriba y ver ese ‘mundo’ de nieve me hacía pensar … ¿y si se viene una avalancha ahora mismo…? ¡Hasta aquí llegué! Este tramo de la carretera es impresionantemente hermoso, cada vez que iba yo tomando una curva, lo que veía frente a mí, era majestuoso, montañas muy altas rodeadas de pinos completamente nevados, lagos congelados y pendientes donde se podían apreciar los valles y cañadas maravillosas. 
Me detuve un momento para apreciar tanta calma frente a mí, así seguí caminando y cogí mi auto para alejarme un poco más, ya comenzaba a caer la tarde y quería grabar la manera de cómo el sol dorado iba desvaneciendo su color en la blancura de los picos de las montañas, hasta que terminara el ocaso.
Esperé un momento frente al mar, postrado, admirando las aves marinas y de pronto, comenzó a salir la luna detrás de una de las montañas… todo era de una quietud enorme, así me quedé luego un rato más dentro del auto, para no estar fuera con tanto frío que se sentía a la orilla del mar.
Así permanecí hasta que la luna dejó ver las montañas y me retiré hacia el hotel. Mientras descansaba un momento, leí que existía un mirador justo frente a Seward, donde se podría apreciar la gran montaña detrás de este puerto y que con la luminosidad de la ciudad, con una buena cámara, se podría lograr una excelente fotografía, así que me puse la chamarra, mi gorro y me fui hacia aquel lado que estaba a escasos 15 minutos; tenía un poco de miedo pues no conocía esa carretera y la noche se sentía tenebrosa, pero no podía permitir que el miedo opacara ese momento y que no me permitiera ver lo que me había propuesto; así que me llené de valor, salí de mi habitación con la cámara ya preparada y el tripié, sólo para llegar y lograr aquella foto que había leído en ese artículo anteriormente…
cuando llegué al mirador, pude constatar que sí, efectivamente, la vista era espectacular, lo único que me separaba del puerto era el «Resurection Bay» -Bahía-, a simple vista podía ver y con la luz de la luna, las montañas y abajo, el pequeño puerto de Seward, el frío y el aire hacían que la temperatura descendiera aún más que 20 °C bajo cero, así que muy rápidamente monté el tripié y me dispuse a colocar la cámara, la carretera era bastante solitaria, sólo el zumbido del viento podía escuchar, estaba nervioso y con el frío más, así que comencé a tomar mis fotos y sí, logré unas buenas tomas desde ahí, entre la luminosidad de la ciudad y la luz de la luna, hasta el polvo de nieve que volaba desde los picos más altos de las montañas podía observar, el viento estaba bastante fuerte. No tardé ni 15 minutos ahí y me regresé al hotel. Al llegar a mi habitación, me doy cuenta de que la puerta de la habitación estaba entre abierta… 
La recepcionista me pidió que manejara con mucha precaución, al menos el tiempo que me tomara salir del área, y así lo hice; al comenzar mi trayecto, la ventisca comenzó a disminuir pero no así la ansiedad que sentía al comenzar a cruzar la zona de avalanchas que el día anterior había transitado, así que sin pensar en ello, continué mi camino sin parar; una vez rebasada esa zona peligrosa, aminoré la velocidad y comencé nuevamente a pararme por ahí un par de veces para poder admirar aquellas panorámicas tan espectaculares que se encontraban un poco antes de entrar a Anchorage y que va la carretera justo a la orilla sobre el «Turnagaim Arm» (Seward Hwy 1). 
unos minutos después, mi sueño comenzó a cumplirse, una vez que el avión tomó altura, el sol comenzó a salir en el horizonte como por arte de magia, logrando así, pintar de dorado atardecer el imponente Denali por un par de minutos; acto seguido, pude tomar algunas fotografías y videos que alcancé a grabar, logré ver los glaciares que se desprenden de esta gran montaña, pude admirar esos colores morados y lilas y rojizos del atardecer, desde el vuelo. ¡Vaya que fue todo un espectáculo que me había propuesto atestiguar y estaba llegando a su fin! 
Encontré la original Casa de Santa Claus y me bajé a hacer algunas fotos nocturnas por fuera, … hacía un frío espantoso. Al día siguiente, fui a visitar su interior y al entrar, vi a lo lejos al famoso personaje de esta casa: «Santa», quien estaba esperando a que llegaran los niños para tomarse una foto con él; antes de acercarme, exclamé: «Ho, ho, ho, ho…» a lo que me contestó Santa de inmediato, invitándome a acercarme, así que me tomé una foto con él. (No había ni un solo niño).
Más tarde me dediqué a visitar el oleoducto Trans-Alaska que recorre todo el estado de norte a sur con 1287 kilómetros (800 Millas) de tuberías con un diámetro de 122 centímetros transportando combustible desde la Bahía Prudhoe a Valdez. 
Cuando se produce, la ilusión nos muestra tres soles en el cielo. Sin embargo, la realidad es otra. El efecto es producto de la luz solar a través de los cirros (nubes altas), cuya presencia puede indicar un empeoramiento del tiempo. Este maravilloso efecto de luz tiene que traspasar una fina capa de cristales de hielo que deben ser abundantes y estar situados en posición horizontal con respecto al suelo. Bueno, tuve la oportunidad de apreciar también este fenómeno y, esa misma noche, pude admirar y fotografiar el eclipse de luna en Fairbanks. 
Luego de unos minutos entré al hotel y le comenté a los recepcionistas nocturnos: “Se ve preciosa”, ellos se voltearon a ver y preguntaron: «What?» ¡La luna! -les contesté, acto seguido, les mostré las fotos directamente de mi cámara, ambos exclamaron: «Wow!» Aunque creo que no le dieron importancia, bueno, con decirles que les pregunté si ellos habían visto las auroras, ambos contestaron que «no», no puede ser -les dije, ustedes viven aquí precisamente donde tienen ‘regalado’ ese espectáculo ¿y no las han visto? Se me descolgó la mandíbula…y yo que viajé de tan lejos para tratar de verlas… Me di media vuelta y me retiré a mi habitación.
Era una pequeña luz verde algo difusa pero ahí estaba, entonces miré hacia donde había proyectado la cámara y pude ver aquella luz con mis propios ojos, no era nada brillante y era bastante difusa, nada apantallante, como para decir ¿esa son las auroras? en esos momentos ya mis ojos se habían acostumbrado a la obscuridad y comencé a ver algunas demostraciones de color verde pero muy vagas, tomé un par de fotos más y noté que cada vez aquella mancha verde se engrandecía y desaparecía en un segundo. 

El primer «stop» fue para ir al baño, el autobús paró en un bosque donde hacen parada todos los tours, pero no había más gente que nosotros, éramos aproximadamente 12 personas de diferentes lugares de EEUU y algunos asiáticos. Más tarde, el guía nos informó que desde ese punto estaríamos sin conexión de internet y, durante más de 10 horas, estuvimos en una montaña desde donde se apreciaba la más hermosa vista del valle.
Una vez que dejamos ese lugar, no tuvimos más conexión con internet, además nos anunció el guía que, a partir de ahí, tampoco había tendido eléctrico, veríamos casi nada de poblaciones ni gente, la última gasolinera también quedaba atrás y la carretera estaría muy transitada con tráileres con material pesado; el oleoducto nos acompañó a la par de la carretera por todo el trayecto. 
De pronto comenzaron a aparecer varias montañas repletas de pinos, estábamos entrando a la zona de las «White Mountains», los paisajes eran fascinantes, hermosos, fuera de este mundo; en una de las laderas sobre la carretera, llegamos a una zona donde los pinos estaban completamente cubiertos de nieve, pero eran ¡bolas de nieve!, parecía que estaba yo en otro planeta, muchos de los pinos estaban inclinados por el peso, ese panorama era maravillosamente extraño; el frío era congelante, no soportaba más de 2 minutos fuera del autobús, todos corríamos a tomar fotos a como nos permitía el clima y de retorno al autobús. 
Al cruzar este río, sobre el puente, el guía nos dijo: “Miren la luna ponerse en el horizonte”, yo traía el lente más potente y la fotografié desde mi asiento; el guía giró justo bajando del puente, nos llevó a un albergue para «el lunch», ya estaba casi obscuro, pero aún eran como las 2:30 de la tarde.
Caminamos hacia la orilla del Yukon que estaba completamente congelado, así que podíamos cruzarlo a pie, nos tomamos unas fotos y fuimos al albergue a comer, quizás estuvimos 1 hora aproximadamente y luego nos pidieron que abordáramos el autobús para continuar nuestro recorrido; aún faltaban un par de horas para llegar al círculo ártico.
Al salir del local, me llamó la atención la luna que se alzaba arriba de los árboles, bastante alto en el horizonte y me extrañó muchísimo; una compañera de tour que había abordado en ese lugar, me dijo: ¿A poco no es hermosa? refiriéndose a la luna, a lo que yo le contesté: ¡Sí, que lo es! Pero ella no notó nada más y al subir yo al autobús, de inmediato le pregunté al guía: ¿Qué no habías dicho hace un rato que la luna se «estaba poniendo» en el horizonte? Sí, contestó, ¿Pero entonces, por qué (dude nuevamente), veo la luna ahora un poco más arriba… «¡Ahora es el moon rise!» (ahora está saliendo), respondió. La quijada nuevamente se me desplomó… Nunca, nunca había visto ese espectáculo y di gracias por haberlo tenido frente a mis ojos. 

Algunos países con una parte importante de su territorio dentro del círculo polar ártico son: Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, Canadá, Groenlandia, Islandia y Estados Unidos, y ¡yo estuve en este último, en la señal de la autopista Dalton marcando la localización del círculo polar ártico en Alaska! Había yo cumplido uno de mis sueños más al pararme frente a ese letrero de un lado de la línea y del otro; la sensación es inimaginable, el frío, el panorama completamente nevado, los pinos, fue algo que marcó mis anhelos; había yo cruzado casi más de la mitad de Alaska para conseguirlo… y tengo mi certificado que la agencia me entregó al día siguiente en el hotel y dice así: «Manuel De la Cruz ha cruzado el Círculo Ártico.
Sábado, 20 de noviembre 2021″ Yo viví y experimenté esa sensación, cerraba yo un ciclo, un sueño más cumplido. Pero faltaba otra experiencia única, que llegó en su momento, en tiempo y espacio, quizás la más importante…
Bajamos de inmediato y lo que vi a lo lejos fue una pequeña luz muy tenue de color verde… mientras no le quitaba la mirada de encima, comencé a desenrollar mi tripié, a tratar de colocar la cámara en su extremo superior y a tratar de fijarlo sobre el piso cubierto por la nieve, el tripié se había congelado de una de las patas y no lo pude arreglar… en eso estaba, cuando miré hacia donde había comenzado aquel destello de luz tenue… de repente, aquello empezó a moverse de manera más rápida y fugaz y comenzó a venir hacia nosotros… yo me quedé con las manos sin guantes sosteniendo el tripié dañado por el congelamiento, no podía arreglarlo, entonces a como pude, metí las dos patas sobrantes para poderlo poner a nivel, pero me quedó casi en el piso; en lo que acomodaba la cámara y veía el cielo, no pude dejar de admirar aquella maravilla de la naturaleza al pasar sobre mi cabeza, fue una gran emoción ver aquellas serpientes en el cielo de colores verdes, morados y lilas, entre ratos, colores rojizos que se movían como una gran cortina sobre de mí, bajé la mirada hacia el horizonte y podía ver de ambos lados unas líneas gigantes de colores: las auroras habían cubierto todo el firmamento como algo mágico, iluminando todo el horizonte, todo era verde, todo eran figuras gigantes que iban tomando formas, ¡era impresionante, gigantesco, majestuoso, maravilloso, ver todo eso que comenzó a desarrollarse y a desaparecer así, tan fugazmente como llegó! 
La cámara se había congelado también, se quedó tomando fotos que no se reflejaban en la pantalla, solo hacía ruidos extraños; cuando quise sacar el celular, me costó un trabajo enorme, no pude ni poner mi huella digital para prenderlo, ya no podía manejar ningún objeto; así que haciendo un gran esfuerzo, me subí al autobús y comencé a tallar mi mano, el ardor era insoportable, parecía que me ponía yo una flama de fuego en el dedo menique; los dos dedos del pie izquierdo no los sentía y comencé a moverlos para que tuvieran circulación.
Todo lo que pude tener frente a mis ojos valió más que haber tratado de tomar una excelente foto, me importó más admirar la maravilla que tenía sobre de mí.
Todo a mi alrededor era un momento mágico, único, que no cualquiera logra verlo; cazar las auroras no es fácil, y yo estaba cerrando un capítulo que había soñado desde mucho tiempo atrás y que esa noche fantástica estaba culminando, llegaba a su fin aquel cometido que me había propuesto: ver a la aurora boreal. 

Alaska me dejaba un buen sabor de boca, me habían tocado unos días maravillosos, unas temperaturas nunca antes sentidas, ver y admirar esas montañas tan grandes cubiertas de nieve para mí era un sueño hecho realidad, y, sobre todo, haber podido ver las luces del norte, las auroras, ya que no todos han sido tan afortunados para poder admirarlas. Con mis compañeros de tour del día siguiente, fuimos a una montaña donde hay aguas termales, se localiza en una zona tan obscura, que se pueden apreciar las auroras, pero esa noche no tuvimos la dicha de verlas en todo su esplendor… sí se vieron, pero estaba nublado y ellos, mis compañeros de tour, se iban de regreso a sus lugares de origen al día siguiente sin haberlas visto; así me sucedió a mí cuando estuve en Islandia, pero esta vez sí pude cazarlas y eso ya para mí había sido una gran bendición. ¡Gracias Alaska! Me has dejado enamorado de tanta belleza natural, tantas expresiones de la naturaleza que pude constatar, sentir y vivir, ¡tanto así que algún día volveré…! 
Entré a un museo para aprender más sobre cómo vive la gente en Alaska, cómo soportan tan bajas y extremas temperaturas y hasta a un restaurante ruso me meti a tomar una copa de vino y comer algo; entre rusos me hallaba yo, que bebían y reían y de pronto, que escucho un inglés con acento latino, cuando esta mesera se, acercó (la otra mesera, la que me recibió era rusa), le pregunté en inglés de dónde era y me respondió: «I am from Mexico…» jajaja le respondí, I’m from la tierra de Andrés Manuel López Obrador, from Macuspana, Tabasco… jajaja, reímos y platicamos y hasta la invité a una video llamada con mis amigas las de Tabasco (Cunduacán, Jalpa de Méndez y Villahermosa), estábamos conectados platicando desde Fairbanks, Alaska mientras yo bebía mi copa de vino.
Una tarde sumamente muy agradable, intercambiamos direcciones y bueno, así me despedía esta ciudad gélida, con 27°C bajo cero. Mi vuelo de regreso a casa saldría hasta las 2:30 de la madrugada, así que me quedé en el centro de esa ciudad caminando y entrando a tiendas y mirando y tomando café posteriormente, en un café muy simpático donde me quedé haciendo mis blogs, en fin, un viaje muy placentero lleno de muchas emociones naturales, y, sobre todo: ¡mágico! 











«Falo Amorfo Titánico» es el nombre que recibe esta extraña flor que pude apreciar hoy en el «Longwood Garden» (Jardín Botánico) en el vecino estado de Pennsylvania…















Al final de cuentas, pasamos 4 veces seguidas a ver a la dichosa flor, y hasta la edecán que recibe a los visitantes en esa sala, nos dijo: «¡En verdad que son fanáticos de la flor! Adelante, pueden pasar cuantas veces lo deseen.» Y no era para menos… ver y admirar este espécimen no es de todos los días.

«Face coverings in service areas»; uno que me llamó mucho la atención fue aquel que decía: «Arriving from out of State? call 511 to determine quarantine status» (¿Arribando desde fuera del Estado? marque 511 para determinar su estado de cuarentena).
Poco después de haber cruzado la línea que divide el estado de New Jersey con el de New York, había un letrero que decía «We are NY Tough» (Somos un New York fuerte) y que pude observar en reiteradas ocasiones ya dentro de la Ciudad de Nueva York. 
mientras nos íbamos introduciendo por la zona de Brooklyn, noté la poca afluencia de tránsito, mucha gente dentro y fuera de los automóviles con mascarillas, así llegamos hasta el Ayuntamiento de la ciudad, ahí dejamos el auto estacionado y nos dispusimos a caminar…
la gran mayoría de la gente con cubre bocas, otras ni por error lo usaban y varios más con sus mascarillas mal puestas, con la nariz por fuera, en fin, así percibí la pandemia en la gran ciudad. 
Posteriormente nos dirigimos hacia el bajo Manhattan, donde estacionamos el auto y decidimos caminar hacia la primera torre del histórico puente de Brooklyn. Vi una Ciudad de Nueva York vacía, solo gente local, una ciudad sin sus turistas (observadores como nosotros quizás, pero nada más). Un apacible recorrido sobre el puente que nos dio tiempo de hasta posar para la foto, la otrora aglomeración de turistas había desaparecido, solo unos cuantos transeúntes y ciclistas corrían por ahí… nos dio tiempo hasta de posar para las fotos usando tripié y toda la cosa. 




Caminaba con Anna Rosenthal, la esposa de mi amigo Luis Tecco a orillas del lago Washington en Renton, WA. Ella me había dicho que no iba a ir a trabajar esa tarde para mostrarme algunos aspectos lindos que podrían gustarme de mi estadía en el estado de Washington. Yo le había dicho que me encantaban los paisajes montañosos y sobre todo si aquellas montañas o volcanes estaban nevados, esa es una pasión que siempre he sentido por estas panorámicas vistas…
La tarde comenzó a caer y el sol dorado comenzó a teñir con su color clásico aquel paisaje frente a mí y me tenía muy entretenido y admirado…, entre plática y plática y después de haber dejado atrás «su edificio donde vive» y admirando aquel panorama y el camino donde los transeúntes como nosotros también disfrutaban de aquella tarde fresca de invierno, Anna me dijo que ella salía mucho a hacer ejercicio en ese pintoresco camino, que para ella era muy lindo el recorrido, que la llenaba de energía pues además estaba en este parque junto a su apartamento. Habíamos ya caminado bastante y ella se paró de repente en aquel andador entre árboles y pinos, después de haber cruzado un pequeño puente andador donde la gente se detenía a admirar el paisaje… me paro yo también abruptamente y ella voltea y con un cargado gesto de admiración me dice: There she is!!!
Yo volteo rápidamente y lo primero que observo es la larga distancia que habíamos recorrido ya, siendo mi punto de referencia en ese momento, el edificio de apartamentos donde viven ella y Luis … me asombré por lo lejos que ya estábamos y en un segundo volteo a ver hacia atrás para observar otros aspectos como el color dorado del sol y ella se queda estupefacta, desconcertada y asombrada ante mi actitud, como si no me importaba esa «vista» que ella me estaba mostrando; de repente observo su cara y vuelvo en un instante a ver lo que ella había puesto frente a mis ojos y ¡logro ver por fin frente a mí, aquella postal tan hermosa con la que ella estaba tratando de sorprenderme! y sí, de la misma manera reaccioné y exclamé en inglés Oh-My-God…!!! ‘Guao’ ¡Ahí esta!




Me bajé donde Luis me había dicho que lo hiciera y comenzó pues mi caminata por el centro de la ciudad, caminé sin rumbo a donde mis pasos me llevaran… una ciudad limpia, bella, elegante y con colinas… entre ratos me recordaba un poquito a San Francisco, junto a la bahía, con hermosos paisajes, montañas nevadas y muchos, muchos pinos (evergreen). Ya era tarde y solo aproveché esa hermosa llegada de mi primer estadía en esta ciudad.
Ahí se vende cualquier cantidad de pescados y mariscos frescos así como también frutas y verduras y por supuesto no podía dejar este simbólico mercado sin probar una deliciosa sopa de mariscos frente a aquella bahía donde la saboreé (de lo más rico) con una copa de vino blanco.
Justo al frente de este mercado sobre la calle «Pike» se encuentra la primerísima tienda de la famosa cafetería a nivel mundial «Starbucks», donde por supuesto entré a comprar mi taza de café.
Conocer aquel pequeño establecimiento tan famoso y tomarme mi foto frente al logo en la entrada donde tienes que hacer fila para poder tomar tu selfie (pero yo llegué como Juana por mi casa, no había gente, me planté al frente y obtuve mi esperado recuerdo). Tienen que conocerlo algún día, es muy bonito recorrerlo y sentirlo.
O sea, mascas tu chicle y lo pegas donde encuentres espacio, hasta en el piso habían chicles… Esta tradición de pegar el chicle en la pared comenzó en 1993, justo a un lado de la taquilla del Market Theater, los asistentes a las producciones de teatro, pegaban goma de mascar en la pared introduciendo una moneda en su interior mientras hacían cola. Los empleados del teatro retiraron los chicles hasta dos veces pero finalmente desistieron después de que los jefes del mercado consideraran la pared de chicle como una atracción turística cerca de 1999.
Algunas personas han creado pequeñas obras de arte con goma de mascar (cabe mencionar que fue nombrada una de las atracciones turísticas más contaminadas por gérmenes en 2009). Salí de ahí con una sensación en la suela de mi zapato que ya se pueden imaginar y con un ‘sabor’ a chicles en la garganta …
En el interior, el piso de cristal gira 360 grados en exactamente 47 minutos; la vista hacia abajo parado uno en el cristal giratorio es simplemente de terror pero a la vez espectacular, tanto ahí como en su mirador en el exterior donde sus cristales inclinados hacia afuera dan otra sensación de terror al reclinarse sobre de ellos.
Subir y admirar el paisaje es muy lindo e interesante, la vista de la ciudad no deja de ser fabulosa.
El guardia en la entrada, simplemente me permitió admirar lo hermoso de esa selva tropical ahí dentro por unos minutos; se quedó conmigo explicándome un poco más sobre lo que hay en el interior, y por más que le lloré, simplemente me dijo que no podía dejarme pasar, pero me dio la bienvenida muy afablemente a la Ciudad de Seattle y concluyó invitándome a regresar posteriomente. Ya con eso me quedé, y muy amablemente se quedó conmigo dándome una pequeña reseña de las oficinas centrales de Amazon (abrió en Enero de 2018).
Al día siguiente fuimos a conocer la Ciudad Universitaria (Campus) de Microsoft, unas instalaciones gigantescas donde solo los «cerebritos» asisten a estudiar y dar a conocer todo lo que saben sobre tecnología, lo grande que es aquel espacio universitario de igual forma se puede comparar con su creador Bill Gates.
Después de ahí, nos fuimos a conocer una catarata llamada ‘Snoqualmie’, un parque natural inmensamente relajante.

Llegué por fin a la arrendadora y me puse en carretera con dirección hacia «Grand Teton National Park», no sin antes recorrer el parque refugio nacional de los «Elks» (Alces), hogar de la mayor manada de alces de la tierra.
Al llegar a tan imponente montaña no paré de admirarla, caminé varios kilómetros sobre un andador totalmente cubierto por la nieve,
me encontré a un guarda bosques con el cual me puse a platicar unos minutos, después caminamos juntos un tramo y posterioremente el siguió su labor.
Más tarde se acortó y adaptó al inglés como «Tetons». Esta zona cuenta con numerosos lagos y un ecosistema muy variado, el Jackson Lake con (24 km) y diferentes ríos.
Seguí mi camino hacia Yellowstone al norte del estado, el paisaje era primoroso, no había mucha gente en esa carretera de dos carriles únicamente, me introduje hacia la reserva ecológica admirando cada detalle del bosque, me paraba en muchos puntos de interés y turísticos para tomar mis fotografías, así pude admirar muchas aves y hasta un «coyote» o «lobo» nunca supe que animal era, pero me quedé un buen rato siguiéndolo con mi cámara y mi potente lente para fotografiarlo lo mejor posible.
No quería abandonar el lugar, era placentero el valle y le dediqué mucho tiempo, nunca había visto un animal así. Los turistas, pocos fueron parando al lado de la carretera al verme tan interesado en fotografiar a aquel espécimen tan hermoso.
Así llegué hasta que me topé con una barricada donde me prohibían seguir hasta Yellowstone; la noche anterior había estado nevando mucho y en esta área del camino mucho más y se notaba: la altura de la nieve era de más de un metro, parecía una barda a la orilla de toda la vía.
Entonces me desvié hacia un refugio y sí, ahí estaban unos vehículos que te podían llevar hasta Yellowstone pero por $300 dólares! Así que mejor decidí permanecer en el refugio, tomé un refrigerio, compré unos souvenirs y me devolví por el mismo camino al hotel; me dió mucho pesar pues intenté llegar hasta allá, pero como dice mi amiga Paola: ¡Volveré!
La gente estaba esquiando y disfrutando esa montaña, creo que no era para mí. Mejor me fuí a dar la vuelta de regreso por otra ruta que había visto ahí mismo en mi GPS,
y allá voy poco a poco, internándome en esa carretera sumamente inclinada y nevando, los pinos estaban cubiertos completamente de nieve, el paisaje era precioso, pero el carro no me respondía mucho, no subía la velocidad a más de 35 millas por hora, por lo alto de esa cuesta, entonces mejor decidí bajarme en un paradero turístico para dejar pasar a la fila de vehículos que venían tras de mí; me dió un poco de temor pues la carretera estaba congelada y el carro resbalaba un poco de repente, por eso decidí tomar un pequeño descanso.



Solo salí a caminar un momento y a pedirle a una pareja que estaba esquiando que me tomaran una foto y yo hice lo mismo con ellos, poco después, se deslizaron montaña abajo… ahí mismo desaparecieron los dos de mi vista.
Bajar en el funicular fue sencillamente sensacional y aproveché para tomar mis últimas fotografías y video. Al bajar, caminé bastante por sus diferentes calles para terminar de disfrutar estas vacaciones que me habían llenado de energía nuevamente.
Así dejé atrás tan imponentes montanas cubiertas por la nieve, hermosos paisajes naturales, un viaje sin igual, (justo 4 días después que salí de Seattle, se declaró el estado de emergencia por el COVID-19; hasta el día de hoy, no he mostrado ningún cambio en mi salud, espero seguir resistiendo esta #Cuarentena).