“Dulce Recuerdo”

Aún percibo el exquisito aroma que provenía de la cocina cuando te dedicabas a endulzarnos el paladar con tus postres; aquel budín que me encantaba comer recién salido del horno, o aquel dulce de guanábana tan delicioso que solías hacer. Verte cortar las gardenias que con tanto esmero cuidabas y sembrabas alrededor de la casa para mantener su delicado olor fuera y dentro de nuestro hogar. Hoy quisiera volver el tiempo atrás para verte hacer tu vida cotidiana en el rancho de papá, aquel apacible lugar donde el tiempo transcurría lentamente y ahora tan añorado; así quisiera volver el tiempo para verte una vez más… ¡Feliz día de la Madre, mamá! 

Con mucho cariño a todas mis tías que están junto a mi mamá: tía Josefina, tía Milla, tía Olga, tía Josefa, tía Conchita, tía Leyla.

Revision ortográfica por Alicia Alvarado Ballesteros @balles20

Anuncios

“Habia un extraño presentimiento”

Justo inmediatamente después de haber bajado del cielo, sentí aquella mala vibra que invadió todo mi cuerpo… Quizás -pensé- estoy loco, no pasa nada, sería la emoción de tenerla aquí.
Una amistad de tantos años, una relación amigable que se formó cuando nos conocimos en la universidad, momentos muy lindos junto con compañeros que fueron creciendo en valor y aquilatando esos momentos y esas relaciones que cada uno de nosotros vamos recibiendo y clasificándolos de verdaderos, de aquella verdadera amistad.
El tiempo pasó y cada quien tomó su rumbo, cada quien hizo su vida y muchos años más tarde hubo una llamada donde nos volvíamos a encontrar a través de la red, la tecnología había avanzado también a la par, así que por ahí volvimos nuevamente a reiniciar eso que llamábamos amistad. ¡Qué gusto me dio tener noticias de aquella amistad! La había aquilatado muchísimo y “hoy” volvía a mi vida… desde ese momento traté de que no se fuera más, que permaneciera ahí junto a mí; entonces comenzamos a platicarnos nuestras vidas, nuestras desilusiones, aventuras y amarguras de la vida; unos muy bien, otros no tanto. Yo estaba en ese entonces muy bien, tenía salud, mis metas las había cumplido y estaba muy bien conmigo mismo, “ella” aquella amistad que había reencontrado, no estaba igual, había sufrido mucho y ese sufrimiento se percibía mucho en “ella”, y así como yo llamo a la verdadera amistad, la valoro y la atesoro, así me propuse a ayudarla, así lo declaré y así lo hice.
Un par de comentarios llegaron a mis oídos donde me hacían pensar que tenía que poner mas interés en “ella”, los años habían dado un golpe muy fuerte a esa amistad en donde había perdido muchas cosas, sin valor pienso, lo más importante era que tenia vida, tenia salud… tenia salud mental…, ¡me equivoqué!
Desde el momento que bajó del cielo sentí una vibra muy pesada pero aún así luché para sacarla adelante, Dios estaba conmigo y me daría la sabiduría de rescatar y seguir adelante; le metí las ganas y fui con todo incondicionalmente para que nuestra amistad siguiera creciendo como hasta ese momento… hasta ese momento en el cual había un extraño presentimiento. Momentos muy lindos disfrutando el otoño que apenas comenzaba, momentos inolvidables que venían al acercarse las fechas navideñas, momentos de reencontrarse con uno mismo y llenar de fe y buenos sentimientos a los demás, compartir momentos juntos, y vivencias de adultos, más de 30 años habían pasado, era una muy fuerte amistad…
Todo eso se perdió fugazmente cuando la vela fue expuesta a una simple y suave brisa que entró por la ventana…, todo se apagó, la habitación se pintó de obscuridad, mi mente vagó en medio de ese dolor y sombras, miles de preguntas invadían mi mente; sin darme cuenta, estaba involucrado en una patraña que la vida me había puesto, un problema que no tenía que ver conmigo, pero que sí tumbó mi estabilidad, mi vida enraizada había sentido un movimiento telúrico muy fuerte, las hojas se secaron repentinamente y comenzaron a caer cual vil otoño… El otoño había pasado ya, estábamos en pleno invierno cuando éste congeló de inmediato aquel extraño presentimiento que sentí cuando bajó del cielo…
Todo se vino abajo, la mentira y la amistad falsa entraron por esa misma ventana por donde entró la suave brisa, esta vez fría, vacía,… irreparable dolor que sentí al momento que invadió mi cuerpo, tenía yo mucha razón: era falsa, era hipócrita, carecía de valor, el sismo había puesto al descubierto a aquella enferma del alma y mente.
Gracias le doy a Dios que fue a tiempo, antes de que doliera más, esa noche conocí lo que “ella” había terminado por sus actos, por haberme involucrado en su sucio juego al cual no entré, “ella” se quedó con todo aquel vacío en el cual ha vivido toda su vida, aquel veneno pronto la invadirá y la aniquilará, así como el día que escupió hacia el cielo de donde aterrizó…

+ Cuando un Sagitario se enfada probablemente esté días sin hablarte y, si no pides perdón, toda una vida. Acabas por no importarle nada.

+ “La verdadera amistad no termina jamás” Marcela Correa Abreu.

+ “Si la lluvia pudiera borrar toda la maldad de los seres humanos, viviríamos en un mundo de almas limpias” Gela Alvarez De La Cruz.

+ “La verdad duele una sola vez; la mentira, cada vez que se recuerda.” Filosofía.

+ “Tu das de corazón la amistad, el corazón no se da a cualquiera” Patricia Sánchez Pérez.

+ ¡Feliz día del Amor y la Amistad!

IMAG2822

“Prefiero mi aquilatada soledad al vacío profundo y oscuro en el que divagas” Manuel E. De La Cruz Paz.

Correctora ortográfica por Alicia Alvarado Ballesteros. Twitter @balles20


Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 620 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 10 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.


“Cumpleaño”

Muy temprano, muere el pavo;
¡Arroz con menudencia!…
Nunca faltará el pozol
Un buen trozo de turrón
Estofado y mole, a discreción,
La tortilla…de pilón.
¡Feicidades!
09 -XII-15.
Acróstico escrito  por mi papá: Miguel Angel De La Cruz Gracián


“El Faro de Bucerías “

Esa tarde me había informado Rossana que iríamos a un lugar fuera de la ciudad de Guadalajara para pasar un fin de semana, pero lo cierto era que ni ella misma sabía dónde iríamos… , -¡Vamos a ir al Faro de Bucerías!- exclamó.
¿Faro de Bucerías? -recalqué- ¿Qué diantre es eso?, acto seguido Rossana contestó: ¡Ni yo sé! pero Gabby, Martha y yo queremos que nos acompañes. En fin, como a mí me encantaban las aventuras, pues acepté de inmediato, corrí hacia mi apartamento que se encontraba en el tercer piso del mismo edificio donde ellas vivían, preparé una pequeña maleta donde puse algo de ropa ligera, pues según esto, era un lugar en la playa que se encontraba en el Estado vecino de Michoacán entre el límite con Colima.
Bajé al apartamento de “Las acapulqueñas” así las llamaban todos en el edificio, como también “las Aca’s” y algunas veces “Las Gabbys” en referencia de la escultural Gabriela Chavira, todos los vecinos sabíamos que agrupaban también a Martha Xicoténcatl, Rossana Ríos y Marcela Armienta. (Todas ellas compañeras de apartamento). A parte de estudiar en la Universidad Autónoma de Guadalajara, Rossana era la líder del grupo, Marcela era la cocinera del apartamento, vaya, la del sazón delicioso, Martha y Gabby sólo se dedicaban a estudiar y a otras labores del hogar… Luego pues, Rossana, la lideresa del grupo no tenía ni idea de qué tipo de ropa tendríamos que llevar, qué clase de comida, en fin ni siquiera sabía a dónde íbamos a dormir, ella sólo se dedicó a darnos “cuerda” y a alistarnos y motivarnos para salir a la aventura.
Lo único que pudimos meter a la maleta fueron algunas golosinas y alimentos enlatados, acto seguido vino la exclamación de mi parte: ¡Huye venao! Nos dirigimos a la central camionera que se encontraba a las afueras de la ciudad de Guadalajara, para esto eran como las 6 de la tarde y bueno, llegamos a la cita con la otra parte del grupo quienes ya esperaban ahí en la terminal: eran amigos de Martha y por consiguiente eran las personas que conocían el lugar exacto para llegar al sitio indicado ya que lo habían visitado en otras ocasiones. Nosotros nos quedamos más tranquilos al saber que ya había algunos expertos en expediciones a lo desconocido. Compramos los boletos y poco después el alta voz de la terminal anunciaba la salida del autobús; Rossana, Martha, Gabby y yo corrimos hacia allá para abordar el autobús de la aventura…
El autobús no era precisamente de primera, en ese momento estaban abordando campesinos que también iban hacia aquella región del Estado de Michoacán; se imaginarán el tipo de personas, y ya no digamos los olores (y no eran precisamente de perfume francés) que dentro de ese cajón de lata se percibían. No teníamos ni idea del destino final ni la ruta de ese autobús. Rossana se acercó al chofer para preguntarle si era el bus correcto que nos llevaría hacia el Faro de Bucerías, -Así es-, contestó el chofer, -¡éste es!- ¿Usted podría avisarnos? recalcó Rossana, -¡Claro que sí, yo les aviso dónde tienen que bajar! confirmaba el chofer. Rossana como buena periodista, siguió cuestionando al conductor una vez más, solo para preguntarle… ¿Cuantas horas serán de viaje? -Pues le diré, -respondió el chofer- alrededor de 3 horas… -¿Tres horas? ¡Eso se hizo eterno!
La luna nos iluminó todo el camino, yo no había podido pegar el ojo durante todo el viaje, me dediqué entonces a mirar por la ventanilla y tratar de ver por dónde íbamos, cosa que por supuesto, no tenía ni idea, pero al menos me distraje contando estrellas y mirando el mar a lo lejos acercarse cuando el autobús se dirigía en camino hacia él. Así, entre colinas y laderas, el autobús se posicionó justo al lado del mar, maravilloso paisaje nocturno al ver la luna reflejarse sobre la inmensidad y quietud del mar y seguirnos al pie de la carretera.
Era la media noche cuando la angustia me invadía, todos a mi alrededor dormían como si estuvieran en un cómodo autobús de primera… de repente, el camión de hojalata hizo rechinar los frenos y parar bruscamente a la mitad de la iluminada noche ¡Faro de Bucerías! -gritó el chofer-.
Al descender del autobús, Rossana, Martha, Gabby y yo nos volteamos a ver y girábamos la cabeza hacia todos los sentidos; la luna iluminaba el paisaje entre montañas y peñascos y en medio de la nada. ¡¿Aquí es Faro de Bucerías?! -exclamamos en coro- el chofer gritó: ¡Sí! cerró la puerta y partió, el motor aceleró y el autobús siguió su ruta desapareciendo las luces del mismo en una loma y cayó la noche para nosotros, la quietud y el silencio nos invadió, la noche era fresca y húmeda, el firmamento podía apreciarse y la luna era tenebrosa en aquella aldea que comenzábamos a atravesar. Poco a poco nos internábamos hacia el mar, empezamos a escuchar el reventar de las olas, pero aun así, muy lejos en la distancia; de pronto, los perros empezaron a alebrestarse al sentir nuestra presencia, lo que hizo que el miedo nos invadiera; estábamos cruzando un pueblo fantasma donde no había un destello de luz eléctrica, el terreno era árido y entre matorrales y una simple vereda por camino. Iniciamos nuestra travesía por aquel poblado donde solo la luz de la luna nos iluminaba el camino; los perros seguían ladrando a nuestro paso y así continuaron hasta que dejamos atrás el poblado. Quizás habíamos cruzado como un kilómetro y medio ya cansados de viajar en el autobús por más de 5 horas sin ninguna comodidad.
El reventar de las olas era cada vez más fuerte hasta que después de unas cuantas dunas lo tuvimos frente a nosotros; el estruendo era muy singular, alcanzábamos a ver aquellas enormes olas; la frescura de la brisa nos comenzó a arrullar y depositamos nuestras pertenencias sobre la arena, ahí extendimos unas cuantas sábanas y toallas y nos sentamos a escuchar los sonidos de la playa. Los amigos de Martha habían llevado algunas casas de campaña, pero solo las extendieron sobre la arena… ya era demasiado tarde para armarlas, y el sueño y el cansancio nos fue tumbando uno a uno sobre nuestras improvisadas camas…
Como si el sueño se hiciera realidad al despertar… Unas horas más tarde, el sol nos pegó de lleno en la cara muy temprano y no pudimos estar más tiempo tirados sobre la arena, el calor de inmediato comenzó a subir y comenzamos a sudar y a escurrirnos por la frente perlas de sudor…, abrimos los ojos, aún con la cara hinchada y lagañosa… ¡Mira qué belleza de lugar! exclamó Rossana, acto seguido el resto del grupo,- al menos nosotros: Martha, Gabby y yo- no habíamos nunca estado ahí y constatamos la veracidad de la exclamación de Rossana.
El Faro de Bucerías es una bahía enorme con numerosos peñascos; la veíamos de frente, de frente al mar aquellas olas gigantescas que reventaban con tal fuerza que subían el pronunciado declive casi hasta donde estábamos, por lo que tuvimos que movernos; la espuma llegaba hasta nuestros pies, el estruendo era simplemente sensacional, las aguas cristalinas del océano Pacífico y sus colores excepcionales. Del lado izquierdo de la bahía, en uno de los peñascos, estaba el famoso y tan mentado “Faro de Bucerías” el cual le daba ese hermoso nombre al pintoresco lugar. Según cuenta la historia, una embarcación japonesa chocó con las rocas y para evitar accidentes futuros, fue construido el faro.
Comenzamos a armar las casas de campaña y a acomodar lo que sería el área de nuestro ‘hotel’, en esos tres días que permaneceríamos por ahí. Más tarde comimos unas salchichas enlatadas que habíamos llevado y poco después, fuimos a dar un paseo para conocer el lugar y disfrutar las bellas playas de Bucerías. En una zona muy cercana, habían restaurantes muy típicos y bastante modestos, construidos de palmas y palos, una especie de ‘palapas’ muy rústicas; esa mañana llegamos ahí a desayunar, era muy temprano y los mariscos que veíamos eran bastante frescos; camarones a la diabla ordenamos, deliciosos y sumamente baratos; la vista era hermosa, el mar se veía bastante picado, así que era imposible meterse a nadar. Hacia el lado izquierdo de la gran bahía, las olas eran más suaves y hacia allá nos dirigimos para poder disfrutar el mar y sus cálidas aguas. El agua era tan cristalina que podíamos ver nuestras extremidades, era una especie de piscina con aguas más tranquilas.
Comenzamos a subir entre las filosas piedras para tomarnos fotos del lado donde las fuertes olas reventaban al golpear con el peñasco, justo el lugar preciso para estampar las mejores fotografías de aquella belleza natural. Martha, Gabby, Rossana y yo posamos pues para las fotos del recuerdo; en una de esas, estábamos tan concentrados en el ‘lente’ y disfrutando, cuando de repente… ¡vino una fuerte ola que nos cubrió por completo! no pudimos correr por lo irregular del terreno, y todos quedamos ¡completamente empapados!, la risa de todos nosotros ante aquel evento nos dejó un feliz recuerdo que hoy día aún guardo en mi memoria. Toda la tarde nos la pasamos entre aquellas rocas y peñascos donde las olas eran tan fuertes que al reventar subían hasta lo alto y nos rociaban de agua fresca como si fuera una cortina de suave brisa.
Toda esta historia quedó plasmada en aquel papel “Kodak” donde aún se conservan algunas fotografías que guardamos muy celosamente todos los asistentes a aquella aventura que nació de la noche a la mañana.
Al día siguiente decidimos explorar la otra zona, la del lado derecho de la bahía, después de comer algunos mariscos y pescados frescos de los lugareños, que por cierto vale la pena mencionar, eran sumamente amables. Poco después emprendimos la expedición hacia ese peñasco y comenzamos subir hasta cruzar hacia el otro lado que desde la bahía no se veía. De aquel lado había una playa enorme, todo virgen, era hermosa como la de Bucerías, ahí permanecimos toda la mañana hasta que al medio día llegaron los pescadores con pescado y mariscos frescos; ellos comenzaron a guisar todo aquel producto del mar y más tarde nos deleitábamos con aquel manjar de delicias. El coctel de pulpo era algo ¡fuera de serie!
Las provisiones se nos acababan y entonces decidimos caminar al “pueblo fantasma” que habíamos cruzado la noche que llegamos. Era todo un espectáculo ver a los lugareños, pues no había luz eléctrica; recuerdo que una mañana llegó un camión de Coca-Cola a dejar productos líquidos, entre ellos agua embotellada; nos preguntábamos ¿en dónde enfriaba esta gente esos productos? o ¿las cosas perecederas? Al poco rato, mientras estábamos dentro de la tienda de abarrotes, arribó otro camión que traía bolsas de hielo, bajó el camionero y dejó varias en la tienda, la gente llegaba también a comprar hielo. ¡Ahí estaban las respuestas! La tienda solo tenía los productos necesarios básicos, todos los productos acomodados en las repisas pero llenas de polvo y arena, eso era lo que el viento hacia volar en tan desértico terreno, en medio del pueblo que solo contaba con una calle de terracería y las pequeñas chozas de lado a lado.
Así transcurrieron los 3 días que al parecer se habían esfumado muy rápido. Un lugar inhóspito donde solo existía un baño comunitario, ahí hacíamos nuestras necesidades y nos bañábamos para quitarnos la arena y el exceso de sal en la piel y el bronceador; al salir de ese baño, la sensación era diferente. Ya por la tarde, esperábamos ver el atardecer que era simplemente sensacional, ya frescos y cambiados para descansar y admirar las estrellas en total obscuridad ¡el firmamento completo en aquella pantalla negra donde solo se reflejaban las estrellas!
Para entretenernos, hacíamos fogatas y jugábamos algo mientras la larga noche nos cansaba, se sentía como si el tiempo no avanzara, caminábamos en la orilla de la playa para refrescarnos los pies en aquel calor tropical, escuchando el romper de las olas que marcó en nosotros aquella odisea fantástica en aquel lugar llamado Faro de Bucerías.
El regreso a la Ciudad de Guadalajara estaría lleno de sorpresas también. Esa mañana nos levantamos muy temprano y comenzamos a empacar todas nuestras pertenencias, depositamos la basura en su lugar y dejamos todo el lugar tal y como lo encontramos; poco después nos dirigimos hacia la carretera donde el autobús pasaría para llevarnos al pueblo más cercano y una vez ahí, tomaríamos el otro autobús con dirección a nuestro destino final.
El primer autobús no tardó en pasar y pronto arribamos al pueblo, pero ahí tuvimos que esperar alrededor de una hora para abordar el siguiente autobús, éste iba completamente lleno, no había ni donde sentarse, veníamos muy cansados y con la piel muy sensible pues estábamos completamente bronceados después de permanecer por tres días bajo los rayos del sol que caía a plomo.
Alrededor de dos horas de camino, sentados en el pasillo, hasta que comenzaron los primeros pasajeros a bajar en sus lugares de destino y nosotros así mismo fuimos acomodándonos en los asientos, uno por uno, hasta que todos estuvimos ya ‘cómodamente’ sentados. De la misma forma comenzamos a admirar lo bello del paisaje: de un lado el mar que de repente se dejaba ver desde lo alto de las colinas que iba atravesando el autobús, era un camino muy angosto pero la belleza del paisaje nos hacía olvidar el cansancio y lo peligroso a veces del camino, pues entre ratos eran precipicios que solo podíamos ver frente a nosotros.
Quizás habían pasado tres horas, cuando el autobús por fin tomó una autopista, aquella que iba directo a la ciudad de Guadalajara a donde llegamos entrando la tarde…
Faro de Bucerías, toda una excursión sin precedentes, una aventura sin igual, un corto viaje muy rústico pero lleno de satisfacción, vivir la naturaleza y el mar tan cerca, con carencia de las cosas que se han hecho necesarias en la actualidad; la convivencia con lugareños y comer los productos frescos del mar: sus pescados y mariscos; ver salir el sol en el horizonte y verlo ocultarse detrás del peñasco era todo un espectáculo lleno de colores al atardecer; valió la pena sentirlo y vivirlo y de esa misma forma quedó plasmado en mi memoria a la cual me traen esos sueños de juventud.

Correctora ortográfica por: Alicia Alvarado Ballesteros @balles20


“La última vez que vivo te vi”

Zaragoza Garrido Cardenas Died on July 06, 2004.

Zaragoza Garrido Cardenas Died on July 06, 2004.

Al día siguiente de haber arribado de la Ciudad de México procedente de Caracas, Venezuela, me dispuse a ir a la casa de un gran amigo, una persona muy importante en mi vida y con quien el tiempo y la distancia, nunca fue un obstáculo para comunicarnos, a pesar de haber salido yo de Villahermosa a trabajar y y vivir fuera. Pero esta vez… nuestro encuentro sería aún más conmovedor.
Zaragoza Garrido Cárdenas vivía en la calle Sindicato de Agricultura, justamente una cuadra detrás de donde vivían mis papás en la Colonia López Mateos en Villahermosa. Esa mañana me bañé y me preparé para ver a mi gran amigo ”Chagora” como le solíamos llamar de cariño.
Su mamá doña Olga, una señora muy expresiva y sensible, estaba afuera en el jardín cuando me vio llegar. Su exclamación y reacción no fue para menos… tenía muchos años que no nos veíamos y mucho menos en esta nueva etapa de la vida de su hijo Zaragoza.
Chagora había sufrido un trágico accidente automovilístico que no le arrebató la vida, pero sí lo dejo inmóvil y postrado en una silla de ruedas por causa de un inconsciente; era entonces la primera visita de las muchas que le hice a Zaragoza durante el corto tiempo que estuve en Villahermosa y que ahora me dispongo a contar… ¡Emilio! -exclamó doña Olga- creo que Chagora al momento escuchó la algarabía de su madre… y sintió mi presencia casi de inmediato.
Doña Olga me acompañó hacia su habitación, – ¡Zaragoza, Zaragoza, Emilio está aquí!-; al cruzar el marco de la puerta, ahí se encontraba Zaragoza: postrado en aquella cama rodeada de tubos y cadenas, una recámara pequeña y extremadamente calurosa, un ventilador de techo que giraba y lo único que despedía era un aire asfixiante y caliente donde se percibían los olores característicos de una persona que permanece mucho tiempo en cama y conectado a una sonda, a través de la cual, sus orines eran depositados en un recipiente justo a un lado de él; todo ello mezclado con el sofocante ambiente; una ventana con vista a ningún lado, simplemente al pasillo de la parte trasera de la casa y una enorme barda que impedía la vista siquiera del cielo.
Zaragoza era una persona bastante humilde pero con un corazón muy grande, una persona entusiasta y siempre con agallas para salir adelante, estudiar y ver por su familia en el futuro, siempre con espíritu aventurero aún si la vida se le presentara difícil…
Llegué entonces y su mamá le anunció mi visita… Yo estaba ya preparado para verlo, sabía de antemano que no sería una visita cualquiera, mucho menos como las visitas que le realice años atrás cuando nos sentábamos afuera de su casa en la acera a beber coca-cola y fumar cigarro tras cigarro y platicar y hablar de diferentes temas; esta vez la visita era diferente, tenía ya ante mí a un hombre inerte, postrado en una cama, rodeado de soledad y angustia, tristeza y reflexión, amor y resignación, serenidad y paciencia y su exclamación a mi visita fue muy singular y expresiva…
¡Emilio! -exclamó. Él solía llamarme siempre por mi segundo nombre al igual que su mamá y sus hermanas. Me incliné para darle la mano y un abrazo y le contesté: “Bien, bien Chagora ¿y tú que me cuentas?” En fin, doña Olga me acercó un sillón y cerró la puerta; sabía de antemano su madre que esta vez teníamos mucho de qué hablar y Zaragoza podría sentirse más en confianza para hacerlo… habían pasado muchos años desde que sucedió el accidente y no nos habíamos visto.
Lo noté muy fuerte en esa ocasión, cosa que me dio mucho gusto, pues nunca pensé que tuviera esa fortaleza… no cualquiera sale adelante después de sufrir un accidente automovilístico de tal magnitud como el que él tuvo; se quejó de algunas cosas, pero siento que era muy normal… el estar discapacitado no era para menos. Todo el tiempo habló del “perdón” -Zaragoza había perdonado- , cosa que yo no comprendí en ese momento, no aceptaba verlo así, no concebía verlo postrado en esa cama… en esa situación… No lograba comprender de dónde sacaba tanta fuerza de voluntad a su trágica vida; yo sentía coraje e impotencia al verlo así: sin poderse mover, acostado en una cama, y a su lado, una silla de ruedas que lo esperaba para salir de aquel infierno de habitación… pero sólo unos minutos bastaron para entenderlo: él tenía toda la voluntad para seguir adelante con ese espíritu de fuerza y desafío.
Mi mente comenzó a planear un viaje en la imaginación, reuniendo todos las vivencias y viajes que había realizado en esos últimos años -aquellos que dejamos de vernos- entonces me di a la tarea de cumplir una misión con él. Llevarlo conmigo en mis pláticas y descripciones; ahí tenía yo frente a mí a un gran hombre, a una persona que subía al avión de la imaginación dejándose guiar por mí, para echarnos a caminar por el mundo…
Esa tarde le prometí que comenzaríamos una travesía y que volvería todas las noches a su casa para llevarlo a viajar junto a mis historias y sobre todo junto a mis grandes tesoros: mis álbumes fotográficos. Comentaríamos las telenovelas del momento y los programas más populares en la TV. No sólo en las noches me di la misión de ir a su casa, también iba por las tardes cuando Chagora se ponía frente al televisor de su habitación a ver “Betty la Fea”, aquél cómico melodrama con tanto éxito mundial, y como a mí también me encantaba, pues era una gran diversión tanto para él como para mí, comentarla después de cada capítulo, junto con nuestra coca-cola y los cigarros. Creo que “Betty la Fea” le traía unos momentos de alegría a su frustrada situación. Esa tarde le aseguré que comenzaría a detallarle cada fotografía de mis álbumes, personajes y paisajes, historias vividas en cada una de esas fotos, momentos muy agradables que había experimentado, para retransmitírselas con la misma esencia con que yo las viví y las disfruté.
A la noche siguiente, me dispuse a ir a su casa, llevaba conmigo uno de mis álbumes fotográficos; pasé “ancá” doña Juana… (ancá: una expresión muy tabasqueña que quiere decir ‘lugar exacto o presición de un lugar’) …Doña Juana, la dueña de la tienda de abarrotes de la esquina junto a la casa de Zaragoza; compré una botella de coca-cola de las familiares y una cajetilla de cigarros Marlboro (rojos), los que a él le gustaban.
Llegué y doña Olga ya me tenía el sillón oficial donde yo me sentaba junto a él y que desde esa noche estaría reservado para mis visitas. Esa tarde, antes de mi llegada, Chagora esperaba ya; estaba recién bañado, el cuarto lucía muy limpio, su mamá había cambiado las sábanas de la cama, olían a suave jabón y Zaragoza estaba reluciente, listo para comenzar la travesía, la “caminata” por los senderos de mis descripciones y narraciones y todas mis vivencias…
La primera travesía decidí comenzarla por Cancún, creí que era el mejor momento pues cuando yo me fui a vivir a esta punta en el caribe mexicano, fue cuando Zaragoza tuvo el accidente. Para entonces yo había vivido 7 años en ese lugar, así que tenía bastante material para describírselo, y así lo hice. Le describí toda la península de Yucatán, desde Punta Cancún, pasando por Isla Mujeres y Cozumel, Isla Holbox, hasta Puerto Aventuras, Xcaret, Xel-Ha, hasta el vecino país del sur, Belice. Todo un recorrido por las diferentes zonas arqueológicas de la península y sitios de interés, además de narrarle lo que yo hacía en Cancún, mi misión de trabajar en el mundo de la hotelería. Zaragoza comenzó pues, a disfrutar mis historias; poco a poco él se dejó llevar de la mano por toda esta travesía: levantando el vuelo, se puso de pie para ir junto a mi hacia la ciudad de los rascacielos… en Manhattan, lo llevé a caminar y visitar todas aquellas tiendas de lujo de la 5ta. Avenida y hasta a disfrutar de una tarde fría por el Central Park; por la noche fuimos juntos al teatro a ver la obra “Miss Saigón” (ahí le detallé toda la representación teatral de lo que había visto,… terminó amando a Miss Saigón cuando le platiqué el triste final de la puesta en escena en Broadway).
Hacía un hermoso día nublado en la Ciudad de Nueva York y decidí llevarlo al Empire States y también lo subí “escalón por escalón” hasta el piso 102 de una de las desaparecidas Torres Gemelas en el bajo Manhattan; allá Chagora sintió las nubes y el cielo más cerca de lo normal. Así pues, anduvo conmigo en el tiempo, la narración y la imaginación.
“Cerrando la puerta de su habitación, comenzábamos a volar por medio de la imaginación, caminábamos a través de la narrativa y la descripción detallada de los diferentes lugares.”
Otra noche llevé a su habitación otro de mis tesoros: esta vez deseaba llevarlo a caminar a Europa y sobre todo al país que más me encantó de aquel viaje que había hecho años atrás. Comencé la narrativa en Holanda, en donde vivía uno de mis mejores amigos y de quien aún conservo su amistad: Boudewyn Norbruis, quien me había llevado a conocer gran parte de su país y así mismo se lo describí a Zaragoza esa larga noche en su habitación. Lo llevé a los famosos canales en Ámsterdam y Utrecht, lugares inolvidables que quería plasmar y dejarle en su memoria a mi gran amigo Chagora, como un legado en su caminata de la imaginación. Todos los personajes que le mencionaba a Chagora se los fue aprendiendo noche tras noche: el sabía perfectamente e identificaba a cada uno de ellos en tiempo, lugar y espacio; tenía muy buena retentiva.
Las historias narradas, algunas de ellas no eran muy agradables a veces, pero lo más importante para mí, era ver cómo en la esfera de la imaginación, yo lograba que Zaragoza se pusiera de pie y caminara a mi lado. Él así lo sentía y yo me daba cuenta que iba paso a paso libremente por todos aquellos países que visitamos juntos, aquellos lugares como Holanda, Bélgica, Francia, Italia, España, Luxemburgo, Suiza, Hungría, Alemania, Austria, Dinamarca y Czechoslovakia (Hoy República Czech y Slovakia desde el 1 de Enero de 1993). Detalle a detalle visitó conmigo cada país, cada museo, cada restaurante, cada punto de interés que yo había andado; él los recorría junto a mí noche a noche.
Al mismo tiempo, comencé a notar en Zaragoza cada vez más interés en los viajes; comenzó a pedirme que le describiera cómo era cada uno de esos países: su gente, sus costumbres, quería conocer su comida, el idioma de cada uno, su moneda (aun no existía el Euro), así que me puse a narrarle todo lo que mis ojos habían visto, todo los que mi nariz había olido, todo sus sabores y ruidos más profundamente; todos aquellos detalles que fueron despertando su interés en esos remotos lugares. Me di a la tarea de empaparlo con toda esa información, además de agregarle emociones y sucesos extraordinarios; las características de cada uno de los personajes y el rol que desempeñaban en cada una de las fotografías que él veía. Así pues, lo llevé caminando noche tras noche, durante los pocos días que estuve en Villahermosa, antes de irme a Los Estados Unidos.
Noche tras noche, sentado en el mismo sillón, lo transportaba dentro de aquella esfera de la imaginación… Recuerdo claramente que para entonces estaban las Olimpiadas de Sidney 2000 en Australia y por la diferencia de horario, veíamos los juegos en vivo y en directo y comentábamos todas las competencias, los diferentes equipos y países participantes.
Mi cometido había dado resultados: viajaba yo con mi amigo caminando a mi lado, lo propuesto estaba dando frutos; Zaragoza gozaba de ese entretenimiento y alegría aún de su sensible pesar. Una larga noche también dediqué a platicarle mi experiencia en Costa Rica y Caracas en Venezuela, como ven, era mucho material que el que contaba yo a mano para poder mantener su atención y lo que me comenzó a impresionar, era cómo Chagora para entonces, ya conocía a cada uno de los personajes y lugares que yo le había narrado, historias y vivencias; sentía yo que verdaderamente él había recorrido todos esos lugares junto a mí y eso era ya palpable.
Lo que no estaba planeado era que se acercaba la despedida… No tenía yo en mente que pronto emigraría hacia el país del norte… todo fue tan rápido y el tiempo ni lo había sentido, hasta que se lo mencioné una de esas noches ahí frente a él en su recámara. Todavía en diciembre del 2000 fui a su casa el 24 y 31 de diciembre para darle su abrazo navideño y de fin de año, Zaragoza me mostraba unos pantalones y camisas que su hermano le había regalado y me pedía que lo ayudara a combinarlos para lucir bien en la cena en su casa en esas dos fechas tan importantes y en unión familiar.
Ese fin de año Zaragoza estaba sumamente recuperado, sus tristezas habían desaparecido por completo; él era otro totalmente diferente de como lo había visto meses atrás: se veía completo emocionalmente y doña Olga, su mamá, me lo agradecía todos los días al entrar a su casa durante aquel tiempo que le dediqué a mi gran amigo; siempre exclamaba: “lo que yo había logrado”.
Pero vino la terrible despedida… nunca pensé que fuera tan difícil despedirme de él y mucho menos de su madre, a quien recuerdo llorando muy amargamente por mi partida.
Esa mañana, un 10 de enero de 2001, llegué a su casa como había quedado de ir, me senté a su lado en su habitación y le trasmití lo que ya era una realidad para mí: ese día me despedía de Tabasco y de mi familia y de mis amigos… no sabía yo por cuanto tiempo, en ese momento no lo sabía… Zaragoza fue el primero de muchas personas que esa mañana triste me dejaban un amargo trago en la boca; fue muy difícil, tenía mucho miedo, pues Chagora estaba ‘totalmente de pie’: había estado caminando a mi lado durante todo el tiempo que le dediqué en cuerpo y alma durante ese corto período de tiempo.
Esa mañana antes de salir de mi casa, respiré profundamente y me dirigí a su encuentro; no quería dar señas de debilidad alguna, pues todo ese tiempo Zaragoza me demostró una fortaleza incalculable, no quería que se derrumbara lo que juntos habíamos logrado.
También, ahí mismo le prometí que le escribiría una carta semanalmente y si no fuese así, por lo menos una mensual. Pero pude cumplir mi promesa: logré escribirle una carta por semana… entre postales y cartas y folletos que le enviaba constantemente. Le pedí que no se me deprimiera si no le llegaban noticias mías, pues aún también para mí el viaje a EEUU era incierto. En ese entonces, los correos electrónicos -llámense “e-mails”-, no estaban en auge; además que Zaragoza no entendía muy bien su uso y por su discapacidad, no podía acceder fácilmente a los lugares donde ofrecían internet, ya que no estaban adecuados para personas en sillas de ruedas; amén de que la situación económica de México no permitía a muchos tener una computadora en casa (2001).

Zaragoza mostró una resistencia impresionante ante la triste despedida, lo tomé de las manos y le pedí que no se me desanimara, que el creyente de Dios tenía la obligación de ser fuerte, como hasta ese momento me lo había estado demostrando.
Bueno, me incliné sobre de él y le di un abrazo ahí acostado en su cama; me incorporé, lo miré a los ojos, me di la media vuelta y abandoné su habitación… su mamá doña Olga estaba -recuerdo-, sentada en uno de los sillones de la sala ‘echa un mar de llanto’, sollozaba, la tomé de sus manos y la encaminé unos metros lejos dela puerta de la habitación de Zaragoza; allá le pedí que no permitiera que él la viera así. Ahora ella quedaba en mi lugar. -Sí Emilio, pero temo… (sollozaba)…, -No señora, él está bien, lo dejo muy fuerte, más fuerte que nunca, usted debe ayudar a mantenerlo así como está hoy: así de pie y con fuerzas para seguir caminando…
…-Yo por mi parte le escribiré y estaré siempre presente aquí en su hogar con mis noticias, las cartas llegarán desde donde quiera que me encuentre, ya lo verá doña Olga. Ayúdeme a mantener a Zaragoza de pie, fuerte y lleno de ánimo para seguir adelante-.
El dia 12 de enero de 2001, llegaba yo al Distrito de Columbia, Washington la capital de los Estados Unidos. Desde ese primer día, me dirigí a una tienda donde le compré una postal y de inmediato me senté por ahí para escribirle y describirle lo bello de esta ciudad… ahí comenzó mi descripción y narrativa de lo que veía; lo llevé a pasear por todos los monumentos históricos y puntos de interés de este lugar. La Casa Blanca fue el primer punto que le describí, lo imponente que representó para mí ver por primera vez esta pequeña casa pero enorme en simbolismo de lo que representa mundialmente…, después el monumento (obelisco) a Washington, el Lincoln memorial, Jefferson memorial, hasta el cementerio Arlington en Virginia (justo frente al Distrito de Columbia).
Nuevamente lo llevé por medio de mis cartas y postales a la Ciudad de Nueva York y por si fuera poco, lo llevé a esquiar en la nieve a las montañas en Lake Placid, NY (donde tuve que tomar clases de esquí antes de aventarme de la montaña más alta). Cada carta que le escribía a Zaragoza, iba llena de alegría y una que otra tristeza, cosa que no quería que él se diera cuenta, para evitar que se me deprimiera, a veces las cosas salían bien, otras no.
Así pasaron unos meses, pero Chagora no me contestaba ni una sola carta… no me contestó hasta que un día me puse muy triste y en una de mis cartas le escribí molesto que no le iba a escribir más, pues él no contestaba mis escritos… En ese momento me sentí muy desdichado, pues al no recibir respuesta me iba entrando una enorme tristeza, una tristeza que posteriormente comprendería… Un día le llamé a mi mamá para pedirle que fuera a casa de Chago y me informara qué estaba pasando… mi mamá me respondió que Zaragoza había caído en una depresión.
Zaragoza me contestó solamente una carta que me llegó poco después que mi mamá me había dicho eso. Él escribió que ese día su mamá le había llevado una carta mía al hospital donde él estaba recuperándose de una crisis., esa mañana Deisy Patricia Coronel estaba con él y le pidió a ella que se la leyera… lo cual hizo; esa fue la única carta que más tarde recibí, la única carta por parte de Zaragoza, Deisy le había dado ánimos para que me la contestara, y así fue.
Entonces me di a la tarea de no cuestionarlo más, y seguí escribiendo semanalmente, carta tras carta. Posteriormente comencé a enviarle fotografías con su descripción en la parte trasera de cada una de ellas; así Zaragoza comenzó a olvidarse por un momento de su desdicha y tristezas…
De esta forma comenzaron a pasar los meses y volando, así mismo comencé también a recibir malas noticias de su estado de salud. Zaragoza comenzaba a declinar, comenzaba a deteriorarse su salud y su estado de ánimo. Mi mamá me iba informando de lo que estaba sucediendo, así mismo de que había salido adelante con fuerza y fe. En una de mis cartas le pedí que recordara el pacto que meses atrás habíamos hecho poco antes de salir de su habitación el día que me despedí de él y de su mamá.
Así pasaron los días y yo abandoné Washington, DC (habían pasado ya 2 años), para moverme a Miami, FL., desde donde proseguí con mi tarea de descripción de todo lo que veía y le narraba con lujo de detalles cada cosa que vivía: lo llevé a pasear pues a Ocean Drive en South Beach, lo encaminé por las arenas blancas de la playa y lo hice que sintiera las tibias aguas del caribe en el sur de la Florida… Una vez más mi mamá me informaba que Zaragoza había caído en una crisis, pero que esta vez lo habían trasladado hasta Mérida, Yucatán donde lo estaban tratando de unas llagas que mi amigo había tenido en su cuerpo por estar postrado tanto tiempo en la cama. Para mí era muy triste escuchar eso de mi mamá. Pero aun así, seguí escribiendo cartas y una más y otras más… Hasta que una tarde, llegué de mi trabajo y encontré una nota pegada en la puerta de mi apartamento, donde me decían que tenía un sobre en las oficinas de “FedEx”, lo cual me extrañó muchísimo; en ese momento me pregunté: ¿Quién me habrá enviado algo?
No fue sino hasta el siguiente día que pude averiguar la dirección exacta de FedEx para ir a recoger ese sobre. Le pedí entonces a un amigo que me llevara para recogerlo y así lo hizo.
Mi amigo me llevó hasta las puertas de aquel edificio donde entré y fui directamente a una ventanilla y le pregunté a la señorita, mostrándole el recibo que había despegado de mi puerta el día anterior… ella lo tomó y se introdujo hacia adentro de la bodega, regresando con un sobre plano de color amarillo, -me extrañó el tamaño-, le di las gracias y me retiré. Ya en el carro de mi amigo, abrí el sobre y saqué una sola hoja en blanco que a la mitad decía simplemente a forma de telegrama: “Emilio De La Cruz” aún más me extrañé… y seguí leyendo, casi en medio de la hoja decía: “Tu amigo y hermano Zaragoza falleció Julio seis 2004″, firmaba su papá, Kalenin Garrido Compan.
Desde entonces comenzó a construirse un fuerte vacío en mi estómago; desde que Zaragoza partió, comencé a extrañarlo muchísimo, él había contestado solamente una de mis cartas durante todo ese tiempo que le había dedicado, ahora él estaba muerto y ya no habría ninguna posibilidad más de contestarme; mi ‘andador’ se había soltado de mi mano, me había dejado sólo con mis problemas, con mis alegrías, con mis narrativas y descripciones, con mis comentarios, mis experiencias y mis cortos viajes; ya no tenía a quién enviarle mis cartas. No saben lo mal que me sentí después de su muerte.
Así pasaron unos días, hasta que decidí enviarle a doña Olga una carta con mis condolencias; en ella aparte le dije que ahora ella sería mi lectora, que yo quería que ella siguiera leyendo mis descripciones de lo que mis ojos verían y así lo hice: la familia Garrido Cárdenas comenzó a leer mis cartas, hasta que un día recibí una carta de su hermana Arminta Lucía, donde me agradecía de tal forma, que me hizo sentir muy bien con sus palabras y, al final de la misma, que transcribo textualmente, decía: “No me despido por que es un hasta luego y deseo tenerlo como un hermanito (si usted me lo permite), con todo respeto se lo pido, gracias, gracias, gracias, gracias por querer a nuestro Chagora, que Dios lo acompañe siempre”.
Pero no cabe duda que cuando nace una amistad y se consolida, es muy difícil acostumbrarse a quedarse sin ella y solo. La persona idónea para recibir un consejo, un comentario, el simple hecho de ser escuchado, ya desde ese momento que supe que él no estaría más aquí, lo comencé a extrañar de una forma muy singular. Mi gran amigo y hermano Zaragoza Garrido Cárdenas (q.e.p.d.)
El valor que yo le doy a la amistad es impresionante y más aún cuando se va consolidando hasta llegar a considerarla una verdadera hermandad muy peculiar. Creo en la amistad y sobre todo cuando es sincera, plena y pura, es ahí donde le doy el valor absoluto para cultivarla y mantenerla viva sea cual sea el caso. Fue así que una de las grandes amistades en mi vida, se me fue, sin haberlo disfrutado más tiempo… fue entonces la última vez que vivo te vi.

Corrección ortográfica por: Alicia Alvarado Ballesteros @Balles20

P. D. Este artículo lo escribí hace 12 años y hoy en el día luctuoso de “Chagora” se lo dedico de todo corazón a el y a su familia.


“¿Legado de Mamá?”

IMAG0138_1

Había quedado en la recámara del rancho un vasito conteniendo los restos de tres gardenias que Ella, desde la cama, había visto que pendían de la mata y que esa mañana, contó: “Son tres gardenias” y ordenó: “¡Tráelas y ponlas en ese vaso con agua, para que no se marchiten!”. Al llevarlas, tomó una que colocó, enredada en su cabello después de percibir su aroma, -hiere mi sentimiento relatar ésto, pero así fue-. Pasó un mes, después de que Ella se fue con Dios… y, al regresar al rancho, en el vasito que colocado en una cómoda quedó, lucía lleno de verdor uno de los gajos.-Dejo a la imaginación ¿qué la hizo vivir, cuando la recámara era un horno?-. Tal y como la encontré, la llevé a Veracruz en ocasión de visitar a mi hermanita, quien al escuchar el relato, casi me la quitó de las manos y dijo: “Yo la sembraré…” Al visitarla de nuevo, me la enseñó diciendo: “Ahí está la gardenia de Margarita y le compré una compañera…” En esta primavera, Gela, mi sobrina, en su Facebook puso fotos de la gardenia florecida ya.

“Es un legado que, desde el Cielo, Margarita y Milla, mi hermanita; me han dejado”.

Escrito por: Miguel Angel De La Cruz Gracián. (Mi papá)

Revisión Ortografica por: Alicia Alvarado Ballesteros


Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 870 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 15 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.


“Medio Siglo”

IMAG3170Nacía yo el 9 de Diciembre de 1964 en un hospital de la Ciudad de Villahermosa, Tabasco. ‘Envoltorio sucio’ de nacimiento, ‘Tumbapato’ de corazón. Crecí en un lugar lejos de toda civilización, en el rancho de papá, cruzando el río Puxcatán en Macuspana, Tabasco.
Ahí transcurrieron todos los años de mi niñez y posteriormente en Villahermosa, hasta concluir la preparatoria. Mis estudios universitarios los realicé en la  ciudad de Guadalajara, en el estado de Jalisco;  más tarde decidí trasladarme a Cancún, Q. Roo para trabajar y es ahí donde me lanzo a viajar por parte del mundo y sembrar amistades que aún hoy día conservo muy celosamente.
He vivido en varios países: México, Costa Rica, Venezuela y ahora mismo radico en Los Estados Unidos, donde ya tengo más de 14 años, y donde he  llegado a conocer muchas personas, y saben que me he forjado  una manera de pensar y de vivir la vida. No tengo riqueza monetaria, pero sí una riqueza espiritual, que me lleva siempre para adelante, siempre pensando hacerlo bien, vivir la vida lo mejor posible; a veces controvertido, pero original. Así me catalogo, así me pongo el yugo de la crítica conmigo mismo.
Hoy doy gracias a Dios por dejarme llegar hasta aquí, 50 años se dicen fácil, pero cuesta mucho llevarlos encima, son años de mucha lucha por sentirse uno bien, por disfrutar del paisaje que te rodea, de sentir el clima que te abraza a tu alrededor, sentir que ahí estás y que a muchos les importa; lo más valorado para mí no es tener millones en el banco, quizás vivir al día, pero rodeado de personas que tienen un valor incalculable, eso sí es como un diamante en bruto para mí, ellos sí tienen un valor en mi corazón.
Agradezco enormemente a todos aquellos que hoy están conmigo y que han venido desde lejos para festejar estos primeros 50’s, esperando sean muchos más…
Gracias Geña, Fernando, Rossana, Gina, Ricardo, Humberto, Luisa Fernanda, Luz María, Andrea, Pedro, Ana Silvia y mis queridas prima y sobrina Eloísa y Lochita; quienes vinieron desde Veracruz, Acapulco, Ciudad de México, Villahermosa, Comalcalco y del pueblo polvoriento que me vio crecer, Macuspana. A todos ellos y a todos los que de alguna forma me acompañaron también desde Nueva York; Steven y su novia, Elizabeth y el pequeño Juan Pablo, y  de Nueva Jersey, Concepción, María, Diego y Diana y muy en especial para todos aquellos que en cierta forma utilizaron los medios electrónicos (Gracias amigos de Bella Luna en Miami, FL. por el video y el Happy Birthday electrónico que me hicieron llegar) y redes sociales para hacerme llegar sus felicitaciones, mil gracias por tanto cariño.
Mamá : ya no me viste físicamente llegar a mis “cincuentas” pero sé que desde donde quiera que estés, lo estarás festejando como siempre me festejaste mis cumpleaños.
Papá: gracias por todo a tí también y por este hermoso Acróstico que me regalaste.
Migo y Moncho: Aunque hubiese querido tenerlos aquí en la ciudad de Nueva York, también les doy las gracias por soportarme tanto.

Mañanitas para Manolo De La Cruz…

Miro a mi alrededor y pienso:
¿A partir de qué hago un acróstico?
No faltan temas…
¡Una mecedora!
Está perdida y abandonada;
La ha derruido el tiempo.

Es en ella, 50 años ha,
Mamá se mecía y te arrullaba,
Imágenes de recuerdo, inolvidables,
¿La recuerdas tu, También?
Imagínate en el regazo de mamá;
¡Oh qué dicha hacen!…50 años.

¡F E L I C I D A D E S!.

(Miguel Angel De La Cruz Gracián)

Amanece con lluvia el “Tostón Party”
Mi amigo, hoy es el gran día
Invitados de gala, ansiosos
Gozan contigo, este momento.
¡Organización Perfecta!

Mi cariño está contigo
Aventurero amigo del alma
Nunca desistas, vive disfrutando
Orquestando cada día una aventura
Luciendo en tu rostro una sonrisa
¡Oh Manolo! ya son 50, y la vida apenas, empieza.

(Diana Verónica Ruiz Pérez)

¡Mil gracias por siempre!

Manolo.

Revisión ortográfica por: Alicia Alvarado Ballesteros.


“La Lady Viajera”

Se aproxima la fiesta, la gran fiesta en New York, la mejor del año; todo es diversión, amor, fiesta, espectáculo, innovación, asi como la canción “We are one” (world cup remix). Se siente la vida, la gente vibra, las cosas se vuelven éxito y felicidad desbordadas. Todos los invitados brillan con una luz máxima, el esfuerzo se une, la disposición, las ganas de estar, de vivir más… porque las emociones salen del cuerpo a más no poder; todo se vuelve felicidad y un cúmulo de éxitos cumplidos. Esa es la gran fiesta del año. Psic. Ana Silvia. Para el mejor amigo: Manolo.  Llegan las #LadyViajeras, los amigos más cercanos, los amigos que se unen de todas partes del mundo con su aprecio y detalles para el mejor festejado. ¡¡Viva Manuel!! Eres el mejor. Todos hemos contribuido en un pedacito de tu vida… así se armó el rompecabezas para estar en el lugar que  Dios eligió: New York, en la Gran Manzana, donde estaremos próximamente.

Psicóloga. Ana Silvia León Magaña.


A %d blogueros les gusta esto: