
Hace muchos años tenía la inquietud de visitar este país centroamericano llamado Guatemala y después de mirar muchos videos en la red de #TikTok, me di a la tarea de investigar y fui armando mi viaje hacia Guatemala.
La mayoría de los pueblos indígenas de Guatemala son de ascendencia maya. Existen 21 comunidades mayas diferentes en Guatemala, que representan aproximadamente el 51% de la población nacional, convirtiéndose en la única república centroamericana donde la cultura indígena maya prevalece en la mayoría de la población.
Tomé un avión y salí directo desde New Jersey hacia Ciudad de Guatemala. Al llegar, la marimba guatemalteca nos recibió con su singular música y retumbaba en todo el aeropuerto. Me hizo sentir muy bien escuchar esas melodías que serían clave para fascinarme cada vez más de un país lleno de cultura y belleza natural.
Me instalé en el hotel y de inmediato salí a la calle para comenzar a conocer la ciudad, llegué al centro histórico de la capital y lo disfruté al máximo, ver su gente proveniente de los pueblos originarios vendiendo artesanías en la explanada, la bandera guatemalteca izada y observar cada movimiento de las personas, las vestimentas autóctonas de su gente, llenó de colorido mi visión; ahí esperé hasta que el sol fue pintando de color dorado los edificios históricos del centro de la ciudad. También comencé a escuchar la lengua original, el «Maya», la mayoría de la gente lo habla, incluso los más pequeños, señal de que la lengua se sigue transmitiendo a las nuevas generaciones.

La ciudad se encuentra ubicada en la región centro-sur de Guatemala, dentro del Valle de la Ermita, a una altitud aproximada de 1,500 metros sobre el nivel del mar. Esta localización le otorga un clima templado, con estaciones bien definidas, y favorece la presencia de extensas áreas verdes que se distribuyen a lo largo de su territorio urbano.

Muy temprano por la mañana del día siguiente, me fui al aeropuerto La Aurora para salir volando hacia Flores, quería ver con mis propios ojos ¿qué escondía la selva guatemalteca?

Despegó el avión de la aerolínea Tag Airlines muy puntual, el panorama al ir subiendo es bello, Ciudad de Guatemala rodeado de volcanes muy cercanos y modernos edificios entre grandes cañadas y montañas y poco a poco el panorama fue cambiando a un verdor espeso y selvático; estaríamos llegando ya a la zona donde el aeropuerto de Flores nos esperaba, así pues, aterrizó la nave y bajamos poco a poco, había calor y se sentía húmedo el ambiente, caminé desde el avión hacia la terminal aérea y salí del aeropuerto, allá, una persona esperaba por mí, ahí me hizo sentar en una palapa para esperar mi transporte que me llevaría 65 kilómetros selva adentro donde sería el encuentro con una de las culturas mayas y yacimientos arqueológicos y centro urbano de esta civilización.
Tikal «lugar de las voces» que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.

Llegamos a la entrada principal del parque nacional y comenzamos a recorrer el yacimiento Arqueológico (ciudad Maya), su construcción fue en el siglo IV a. C. y fue abandonado alrededor del año 900 d. C. Tikal mantenía vínculos con otras regiones, a lo largo de Mesoamérica, incluso con Teotihuacán, en el lejano Valle de México.
Yo iba con una back pack con todo mi equipo fotográfico bastante pesado, entre la humedad y el calor comencé a sudar, hasta que por fin iniciamos el recorrido en forma; el guía nos condujo entre árboles y maleza y un camino de terracería al primer templo donde nos permitió subir hasta la cima, la selva estaba a nuestro alcance y a nuestra altura; otro templo sobresalía entre la punta de los árboles como un elefante… una imponente edificación…, más allá estaba una de las torres de tantos templos que se alzaba hermosamente sobre la selva.

Llegar hasta allá arriba no fue nada fácil, era pues, mi primer reto, al menos para mí. Con tramos de escaleras de madera por medio de andamios asciende uno a la cúspide del Templo de la Serpiente Bicéfala, una estructura milenaria de piedra, desde allá la vista es impresionante y vale la pena subir tantos escalones para contemplar su belleza en todo su esplendor. Me senté por un momento y mi mente voló al pasado para tratar de vivir lo que los habitantes en esa época tenían frente a sus ojos: una selva guatemalteca llena de verdor que escondía algo entre su follaje; mientras me relajaba con tan impresionante verdor, imaginaba esos amaneceres que tanto promocionan las agencias de viajes: despertar y ver salir el sol entre la niebla y la selva húmeda, que debe ser muy significativo para todo aquel que lo experimenta, no sin desmerecer lo que yo estaba sintiendo en ese momento sobre lo que descubría de la hermosa selva guatemalteca.
Al descender del Templo de la Serpiente Bicéfala, seguimos caminando entre selva y humedad y observamos muchos montículos cubiertos de vegetación que aún no han sido «descubiertos» y que se mantienen así, repletos hasta de enormes árboles que se aferran con sus raíces a la piedra de cada estructura que se alzaba frente a nuestra vista.

Entre que iba disfrutando aquella extensa selva húmeda y calurosa, se visibilizaba uno de los edificios más significativos de la ciudad de Tikal…, ahí estaba pues frente a mí, El Templo del Gran Jaguar y se le conoce así debido a un dintel que representa a un rey sentado en un trono de jaguar. El Templo I es una estructura piramidal escalonada de piedra caliza de estilo típico del Petén que data aproximadamente del año 732 d. C., giré sobre mi eje para poder con mis ojos captar tanta inmensidad de templos a mi alrededor, aquellas estructuras de piedra se alzaban frente a mí imponentemente, eso fue una gran impresión, dimensionar lo que antes había observado cuando visité Palenque en Chiapas, que aunque son estilos distintos, ambos representan la cúspide de la ingeniería y arte maya.
Todo el día caminando en la histórica ciudad de Tikal, admirando en todo su esplendor entre la húmeda selva guatemalteca fue una experiencia extraordinaria para mí, y aún más cuando el guía nos informó de la influencia que existió de Teotihuacan en México, sobre Tikal y que ahí estaba claramente ejemplificado en uno de sus templos. Por la tarde retornamos a Ciudad de Guatemala por la misma vía y disfrutando el paisaje desde lo alto antes de aterrizar en la ciudad, una experiencia que valió la pena sudar.

Por la noche ya bien cansado, caí como piedra y alrededor de las 2 de la madrugada, escuché el sonar de las alarmas del hotel y empecé a sentir un fuerte movimiento y tronar de todo el edificio, pero estaba yo tan cansado, que no le tomé importancia… A la mañana siguiente, antes de irme a mi siguiente destino, pregunté en la recepción que había sucedido, bueno, pues fue un fuerte temblor de aproximadamente 6 grados lo que había suspendido mi profundo sueño.

Llegué a Antigua en Uber, por una carretera tan transitada y peligrosa que me asombraba la velocidad de los autobuses de pasajeros foráneos; entre esas ‘carreras’ en las carreteras, fue también singular admirar el colorido de aquellos autobuses públicos, que al detenernos en una estación de gasolinera no perdí la oportunidad de posar con ellos, son relativamente muy coloridos.

Antigua, es una ciudad de origen colonial en el Altiplano central de Guatemala, en las faldas del Volcán de Agua, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1979. Se encuentra a una altitud de 1582 m.s.n.m. vale la pena permanecer en ella al menos 5 días para poder disfrutarla y sobre todo sus alrededores. Dentro de Antigua, los edificios más importantes en belleza histórica se encuentran: El arco de Santa Catalina, Iglesia de la Merced, Catedral de San José, entre otros grandes monumentos históricos y clásicos.

Desde Antigua, contraté un tour a uno de los lugares más hermosos en los que he estado en mi vida, era mi segundo reto que me había propuesto alcanzar, lo tenía pues muy cerca de mí y no podía dejar de lograr este acontecimiento que resultó en mi preparación física para alcanzarlo: subir al Volcán Acatenango (estratovolcán, el tercer volcán más alto del país a 3976 m.s.n.m.), para admirar frente a mis ojos el Volcán de Fuego (estratovolcán a 3763 metros de altura), fue toda una hazaña que me costó lograr, pero sí, lo hice. Primero llegamos a una oficina a las afueras de Antigua donde nos señalaron los protocolos de seguridad, ahí nos proporcionaron una «aspirina» para ir acoplándonos a las diferentes paradas de altitud que iríamos haciendo durante el trayecto hacia arriba. También nos dieron un «lunch» y una botella de agua, así pues, nos trepamos a esa 4X4 y llegamos al primer campamento (2000 m.s.n.m.) donde sería el último lugar para pasar al baño convencional, ya que en el último campamento donde pasaríamos la noche, solo podríamos utilizar «letrinas». Así fuimos ascendiendo en aquel vehículo entre brincos y suspiros, donde solamente un profesional podría manejar en tales condiciones, ese camino de terracería en verdad era bastante inclinado y estrecho, mientras la vegetación iba cambiando al ir ascendiendo; primero mucho polvo en las laderas del volcán, después un bosque nuboso y húmedo, ya frío. A una hora aproximadamente de camino empinado, llegamos al lugar donde tooodos aquellos vehículos ya no pueden seguir, el sitio tiene una inclinación totalmente impresionante, incluso, tienes que tener mucho cuidado al descender de la 4X4 pues podrías rodar. Ahí habíamos muchos turistas intrépidos a quienes aún nos faltaban aproximadamente 45 minutos (según el guía ahí nos encontrábamos a 3,500 m.s.n.m.) para alcanzar el campamento final, pero calculo que yo lo logré en 1 hora, entre las nubes y la neblina que cubrían por completo la brecha y un frío que se incrementaba según íbamos subiendo aquella montaña que no estaba a la vista por las nubes que nos cubrían… literalmente fue un ascenso entre las nubes. Para lograrlo, tuve que parar varias veces para respirar bocanadas de aire, pues mi corazón latía al mil por hora, además el guía nos recomendaba hacerlo y beber solamente un sorbo de agua, se te reseca la garganta de una forma que cuesta tragar saliva. Así continué hasta que nos informaron que habíamos llegado al lugar donde pasaríamos la noche.

Al llegar (3,600 m.s.n.m), me senté a descansar, sentía que había logrado mi segundo reto y había llegado sano y salvo después de la odisea de la carretera y los brincos, del estrecho sendero y de las palpitaciones de mi corazón…, me recosté en uno de los camastros a esperar que el cielo se despejara, seguíamos entre las nubes y no se apreciaba absolutamente nada. De pronto, poco antes de la puesta de sol, las nubes dejaron ver una panorámica impresionantemente hermosa: ahí tenía justo frente a mis ojos, al magnífico Volcán de Fuego, aquél por el cual yo había hecho este tour, el coloso en todo su esplendor, a unos cuantos kilómetros frente a mí, mostrando aquel bosque de pinos y aquel cono descubierto donde se podía apreciar aún más abajo, a los pueblos circundantes al volcán.

La temperatura bajó esa madrugada a -2 grados centígrados, en el campamento nos prepararon comida caliente y café y chocolate caliente. Comencé a ver la punta del volcán de fuego ligeramente roja por su actividad, desafortunadamente me tuve que conformar con esa pequeña exhalación, pero fue todo un placer sentir aquel frío de las alturas de estos dos volcanes y admirar un cielo completamente obscuro donde las estrellas se veían en plenitud en todo el firmamento. Solo me recosté un par de horas pero me salí de la carpa, pues yo no había ido hasta aquella montaña a dormir, así que me salí con un cobertor y me senté frente a aquella panorámica tan imponente teniendo al coloso de fuego frente a mí, entre destellos… abajo las luces de algunas poblaciones… un momento sublime para recapitular; toda una hazaña el haber conquistado esa cumbre tan alta y poder deleitarme con aquella belleza completamente natural frente a mis ojos y después aquel amanecer tan espectacular cuando el sol fue saliendo en el horizonte y se alcanzaba a ver el Volcán de Agua a lo lejos, no menos bello.

Unas horas más tarde, retornamos hasta la parte donde habíamos dejado la 4X4, admirando el descenso completamente despejado, la panorámica era tan bella, tan natural, se respiraba un aire helado y las nubes volvieron a abrazarnos durante aquel descenso tan inigualable y momentáneamente pude disfrutar aquel camino en esplendor; se despejaba de pronto por arte de magia y justo ahí podías alcanzar a ver el horizonte; aquella estampa quedó plenamente grabada en mi memoria, fue una vivencia única haber alcanzado el campamento y haber disfrutado aquel momento natural junto al volcán.

Mi última tarde en Antigua la dediqué a recorrer sus callejones empedrados, y a platicar con su gente. Me senté en una plaza donde una vendedora se acercó a mí, le compré un souvenir con tal de que se quedara junto a mí para charlar, hablaba español y obviamente su lengua Maya, pero la disfruté tanto que reímos por un buen rato y le pedí una foto; después me encontré a otro vendedor que era un poco más difícil de entenderle en español, pero también lo mantuve junto a mí platicando sobre su lugar de origen y conviviendo con él para empaparme de su cultura y esencia.

A la mañana siguiente tomé un transporte hacia mi siguiente destino, una maravilla enclavada entre montañas: el hermoso Lago de Atitlán, el lago más profundo de Centroamérica y es el segundo lago más grande por superficie de Guatemala. Su parte más profunda se encuentra a 340 metros aproximadamente.

El lago corresponde a una caldera volcánica. En sus márgenes se alzan los volcanes de Atitlán (3537 m s. n. m.), Tolimán (3158 m s. n. m.) y San Pedro (3020 m s. n. m.). El lago está situado a 1560 metros sobre el nivel del mar y tiene 18 km. de longitud.
El transporte me dejó en medio de San Pedro La Laguna, donde había contratado una habitación de hotel; para llegar hasta allá, tenía que tomar un «Tuk-tuk» un transporte clásico y característico de San Pedro, justo a las orillas de Atitlán. Y ahí voy pues, con aquel intrépido chofer recorriendo callejones y callejuelas muy estrechas en aquellas laderas de las montañas, entre viviendas y comercios, tal como si fueran favelas (asentamiento informal o precario). Ya iba yo en aquel vehículo, y nervioso, pues aparentemente parecía todo un barrio de mala muerte, hasta que el chofer me indicó: «Ahí está tu hotel» y volteé hacia aquel estrecho camino de terracería donde no veía nada parecido a un hotel, pero… «Perfecto» – dije yo dentro de mí, «Bueno, no me queda más que caminar por ahí». Aquél callejón estaba completamente solitario, era de día pero no me daba nada de confianza, nunca había yo llegado o tratado de llegar a un hotel en esas condiciones y con mi maleta arrastrando y todo aquel equipo fotográfico que me molía el hombro, hasta que por fin pude leer el rótulo de mi hotel que anunciaba la entrada. Era otro callejón lleno de arriates y flores de buganvillias de colores, aquella entrada no parecía nada similar a la de un hotel y me pregunté en ese preciso momento: ¿Qué cosa fue lo que había yo contratado por internet?

El caso es que entré por aquella puerta y crucé el lobby y toqué la pequeña campana que había sobre el mostrador; alrededor, unos gatos y un lobby casi completamente abierto pero cubierto de la maleza, plantas, enredaderas y flores. Al fin salió la recepcionista y pude hacer mi check in, de inmediato le pregunté si era seguro andar por ahí y sobre todo tomar ese medio de transporte Tuk-tuk (había leído antes que era el único medio de transporte para trasladarse por todo aquel pueblo), la recepcionista me dijo que sí, que el lugar era bastante seguro inclusive por las noches. En fin, me encomendé a Dios y me retiré hacia mi habitación; al cruzar un pequeño pasillo, tuve frente a mí un balcón con una vista impresionantemente hermosa del Lago de Atitlán y las montañas que lo rodean, aquella paz que sentí en ese momento, borró toda aquella mala impresión que había sentido en cuanto a inseguridad en San Pedro La Laguna.

Por la tarde tomé mi tuk-tuk y me dirigí a San Juan La Laguna, un poblado justo a un lado de donde me había hospedado, para comer algo y recorrer el lugar. Ahí estuve en esa área por espacio de 3 días, pues al día siguiente tendría un encuentro con «el Rostro Maya»

Desde un pequeño restaurante justo frente al lago Atitlán, disfruté de un atardecer sin igual, mirando las lanchas y transportes marítimos llegar y salir del muelle, un momento para mí muy gratificante en verdad; luego salí de ahí a recorrer sus coloridas callejuelas y admirar todos los tuk-tuk que cruzaban a mi alrededor, pintorescos y adornados con luces de colores y música a todo volumen.

Por la madrugada a las 3:00 am, salí de mi hotel, estaba bastante fresca la temperatura, así que recorrí aquella vereda solitaria casi sin luz, hasta llegar a ‘la calle’ donde el tour que había contratado iba a pasar por mí. Llegué a aquella boca-calle y el silencio me invadió, el sonido de algún perro ladrando a lo lejos incrementó mi incertidumbre, pero más aún cuando comencé a escuchar el motor de un tuk-tuk que se aproximaba, pero me entró temor y me escondí en aquella obscuridad del callejón y esperé a que pasara; una vez que cruzó frente a mí, salí nuevamente a mirar si mi transporte venía hacia mí a como estaba contratado y sí, de repente veo unas luces de un vehículo más grande que se acercaba, pero guardé cautela, con algo de miedo pues estaba yo completamente sólo ahí.
En ese momento, escuché a lo lejos que mencionaron mi nombre y pude confirmar que era mi transporte turístico, el que me llevaría al encuentro con el «Rostro Maya» (su silueta simula un rostro humano acostado, visible desde el lago), una destacada atracción en el Lago Atitlán. El Rostro Maya, también conocido como Nariz India, es una cresta montañosa y un mirador popular con vistas al Lago Atitlán en Guatemala. El perfil de la montaña se asemeja a un rostro humano, por lo que es un lugar famoso, especialmente para hacer excursiones al amanecer, pues ahí estaba yo ya en mi transporte, donde mi guía, mi querido amigo Francisco Vásquez se esmero en ayudarme a lograr este nuevo reto de escalar esa montaña y llegar a la cumbre.
Al llegar al último poblado llamado Santa Clara La Laguna, (allí se habla el idioma Maya Quiche), ahí comenzamos el ascenso hacia aquel Rostro…, cruzando primeramente un cementerio (a esas horas obscuras de la madrugada, un poco patético para antes de ascender), posteriormente nos cruzamos mi guía, dos turistas más que iban con nosotros, un par de vacas pastando en aquellas laderas,… mientras el camino era bastante fácil al principio, cambió minutos después cuando en verdad tuve que ascender por escaleras rústicas y bastante empinadas. Mientras iba ascendiendo en mi tercer reto planeado en este viaje, se iba complicando mi cansancio, la pareja que iba con nosotros se había adelantado, yo me iba quedando rezagado en el camino, pero mi guía Francisco siempre estuvo ahí junto a mí; hubo un momento en que le comuniqué que ya no podía ascender, mi respiración y mi corazón me lo impedían, ya no podía más, la resequedad de mi garganta era extrema, pero Francisco tuvo una idea: me pidió llevar mi ‘back pack’ con mi equipo fotográfico y postrarse detrás mío, comenzó a ‘echarme porras’ como vulgarmente se dice, ¡Usted puede! solo escuchaba… ¡Lo puede lograr, descanse y siga poco a poco!, nuevamente le dije: ¡No más, no puedo, me quedo aquí! A lo que él exclamó:¡No puedo dejarlo aquí, tiene usted que llegar hasta el final, allá verá lo que se perdería si no lo intenta! Así transcurrió un momento que para mí fue clave y me dio la fuerza suficiente para seguir subiendo aquellas escaleras rústicas, entre un ambiente completamente seco y frío, mi garganta como un desierto y aquella cúspide que no veía…, de pronto comencé a oler a humo y le pregunté a Francisco, él respondió que ya estábamos a escasos metros donde escuchaba yo voces, y aquel humo era de preparativos con leña de café y chocolate caliente con que las agencias recibían a los turistas al llegar a la cima.

Por un momento pensé que alucinaba haber olido humo que no sabia de donde provenía; por otro lado, el escuchar esas voces y no ver la cúspide,… me sentí medio aturdido; pues sentía que el esfuerzo no valdría la pena… Al llegar por la parte posterior a la ‘Nariz del Rostro Maya’ los gritos de: ¡Lo lograste, lo alcanzaste! me llenaban de fuerza y más al dar otros dos pasos en aquel estrecho lugar, y poder ver ante mis ojos aquel lago inmenso, aquellas siluetas de los volcanes circundantes que se asomaban en la obscuridad del amanecer y las luces titilando de los poblados junto a la laguna, fue simplemente sublime, reconfortante e impresionante. Había yo logrado un reto más que me había propuesto, me senté frente a aquel acantilado a esperar la salida del sol junto a la bandera ondeante de Guatemala, con aquel singular sonido al cruzar el viento del amanecer; el silencio era inmenso hasta que vimos en el horizonte salir el astro rey y todos los ahí presentes exclamar ante aquel acontecimiento tan hermoso vivido en aquella nariz del rostro maya a 2,263 m.s.n.m

Después de aquel espectacular alba, bajamos ya, admirando la belleza del lugar y agradeciendo primeramente a Dios por haberme ayudado a conquistar esa ‘Nariz’ y por segundo a mi guia, mi gran amigo Francisco Vásquez por haberme ayudado con su voz y paciencia, incrementando el poder de la palabra para llegar a la cima,… Sin lugar a dudas, un gran ser humano, quien hace este trabajo regularmente, ayudando a turistas a alcanzar tan sin igual belleza natural. Si lo desean contactar, aquí su información: «GuiArte Atitlán GT» https://maps.app.goo.gl/4DuuTsifyu1rd6iF6 Francisco Vásquez.

Al día siguiente dediqué mi día a caminar por Santiago Atitlán, a donde llegué a través de una embarcación; allá disfruté parte del día y retorné a San Pedro para organizar mi retorno hacia la Ciudad de Guatemala. Mientras caminaba por ahí, entré a una agencia para contratar el transporte que me cruzaría el Lago Atitlán hacia Panajachel donde tomaría mi bus hacia la capital…, tenía hambre y le pregunté al agente si me recomendaba un restaurante para almorzar algo y él me indicó que justo debajo, al salir de la agencia de viajes, había un restaurante con una vista espectacular donde podría yo comer algo…, al bajar, me senté en una de las mesas y mientras disfrutaba ciertamente de una hermosa vista, ordené algo de comer cuando de repente…

Escuché detrás mío una voz que me decía: ¡Don Manuel De La Cruz…!, Acto seguido volteo completamente asombrado y miro a una persona que sabía que conocía pero no recordaba su nombre… Habían pasado 25 años desde la última vez que lo había visto! Era mi singular compañero de trabajo que alguna vez habíamos laborado en Costa Rica en el Hotel Meliá Conchal, Don Mauricio Zárate, cosas de la vida y coincidencias, él había ido a San Pedro La Laguna por un día de visita y yo había bajado a ese restaurante porque tenía hambre y lo que son las cosas, me encontró ahí donde tuvimos la oportunidad de darnos un fraternal abrazo. Él, costarricense, que vive actualmente en México y yo, en EEUU, ¿qué coincidencia, cierto?

Al día siguiente muy temprano, dejé el hotel y me transporté en un tuk-tuk hacia el embarcadero donde tomaría mi lancha que me llevaría hacia el otro lado del Lago Atitlán. El recorrido aquella mañana fresca y ver amanecer sobre el lago, fue simplemente espectacular, los volcanes que rodean Atitlán y ese color azul profundo del lago, la verdad me dejó una despedida con un sublime «retornaré» muy pronto.

En verdad, mi paso por unos cuantos días por este país centroamericano, «Tierra de Árboles», me ha dejado asombrado con su natural belleza, por su arqueología e historia, por su gente, su idioma y dialectos que aún conserva; aquellos pueblos originales que aún mantienen esa esencia que muy pocas poblaciones en el mundo quisieran aún tener. Un país con singular y profundo color verde, que no por nada le llamaron la tierra de árboles, gracias Guatemala, gracias a su gente tan linda, me llevo un recuerdo muy importante en mi memoria, gracias nuevamente por ello.
Corrección ortográfica y sintaxis, por Alicia Alvarado Ballesteros.








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